¿COMO ENCUENTRO YO AL CRISTO?

El teósofo y ocultista Rudolf Steiner, (18611925), en uno de sus libros titulado: ¿Cómo Encuentro Yo Al Cristo? Aconseja lo siguiente:

Primero: Comprometerse consigo mismo y decirse: Quiero aspirar al autoconocimiento hasta el punto que me sea posible, de acuerdo a mi individual personalidad humana.

Ninguno, que honradamente aspire a este autoconocimiento, podrá decirse hoy como hombre que: No puedo comprender aquello, a lo que realmente aspiro. Hay que entregarse, sentir la impotencia, de encontrarlo por si mismo.

Este sentimiento, esa sensación es sana, pues, al experimentar la incapacidad de elevarse a lo divino en cualquier momento de la vida. Se siente que el alma, debido a nuestro cuerpo, tal como es hoy día, en realidad estaría condenada a morir con el. Cuando se siente lo suficientemente fuerte esta incapacidad, esta impotencia, entonces se produce el cambio.

Entonces llega la otra vivencia, que nos dice: Pero podemos, si no nos entregamos solo a aquello que somos capaces de conseguir mediante nuestras fuerzas corporales. Podemos, si nos entregamos a aquello que nos da el espíritu. Podemos superar esta interior muerte del alma.

Podemos tener la posibilidad de reencontrar nuestra alma y de atarla al espíritu. Si es que, hacemos el esfuerzo y observamos atentamente la vanidad de la existencia por un lado y por el otro, su glorificación por la presencia del Cristo, que vive en nosotros.

Es preciso sobrepasar y traspasar la sensación de incapacidad, para que podamos sentir la fuerza salvadora, redentora y curadora. La incapacidad, nos vincula con la muerte en nuestra alma. Pero al sentir al Salvador, sentimos que llevamos algo en nuestra alma que puede resucitar de la muerte en cualquier momento.

Si buscamos estas dos vivencias, encontramos en nuestra propia alma al Cristo. Esta es una realidad a cuyo encuentro marcha la humanidad. El poeta, Angelus Silesius (1624–1677) en su libro “El Querubino Peregrino, dice: “LA CRUZ DEL GÓLGOTA NO TE PUEDE REDIMIR DEL MAL, SI NO ES TAMBIÉN EN TI ERIGIDA”.

Puede ser erigida en el hombre al sentir los dos polos: primero, la incapacidad por su carnalidad y segundo, la resurrección por su espiritualidad. La interior vivencia, que se compone de estas dos partes, es lo que realmente nos lleva hacia el Misterio del Cristo.

Este es un acontecimiento, frente al cual no te puede excusar diciendo: “no tengo un gran desarrollo espiritual”. Pues, no lo necesita. Solo se necesita una real auto-reflexión y la voluntad para esta auto-reflexión. 

La voluntad también para combatir aquella arrogancia, que hoy día es tan corriente, que impide al hombre darse cuenta, que si se confía en sus propias fuerzas, llega al orgullo y a la vanidad. Si no se puede sentir frente a la propia arrogancia, la propia incapacidad, entonces no se puede sentir ni la muerte, ni la resurrección.

Cuando podemos sentir la incapacidad también sentimos el restablecimiento saliendo de la incapacidad. Entonces experimentamos un vínculo real con el Cristo. Así debemos buscar su imagen en el alma aquí en el plano físico.

Busquen Ustedes, dentro de sí, y encontrarán la incapacidad. Busquen ustedes y encontrarán su propia incapacidad. Después de haberla aceptado y reconocido, encontraran la redención de la incapacidad, que los llevara al encuentro de la resurrección del alma elevándose hacia el espíritu.

El encuentro con el Cristo consiste en una vivencia de la muerte en el alma debido al cuerpo y la resurrección del alma debido al encuentro con el espíritu. Toda esta sensación de nulidad, de anonadamiento, que nos sobreviene cuando reflexionamos sin orgullo sobre nuestras propias fuerzas, esto debe preceder al encuentro del Cristo.

Extracto del libro “DESPERTANDO LA CONSCIENCIA CRISTICA “

Despertando La Conciencia Cristica por Elias Rosario

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