EL PARAISO Y EL INFIERNO (DEVACHAN Y AVITCHI)

El “Paraíso”, no es un lugar sino un “estado”, donde nuestras esperanzas serán verdaderamente colmadas, con plenitud de ser, verdad y belleza, libre de todo mal y de la misma muerte” dijo el Papa Francisco al finalizar una audiencia general, en su visita a Turquía. De manera similar se expresaron, el Papa Benedicto y el Papa Pablo sexto.

A continuación presentamos un resumen sobre el cielo y el infierno según distintas publicaciones que aparecen en la web

EL PARAÍSO, O DEVACHAN

Devachan en las sagradas escrituras orientales literalmente significa “la morada de los dioses” ya que que allí mora la naturaleza divina de los seres humanos en su naturaleza divina (el Alma) después de morir, que es la liberación de la naturaleza inferior. Los antiguos egipcios denominaban a ese lugar de bienaventuranza el “Aaru”. Los antiguos griegos lo llamaban los “Campos Elíseos”. Es el “Sukhavati” en la India, el “Paraíso” en el cristianismo. Para los romanos era el Olimpo. Cada religión tiene su cielo.

Las religiones explican que es una recompensa para los seres humanos que obraron bien durante su vida terrenal. En el libro “Buddishmo Esoterico” publicado por el teósofo Alfred Sinnett, en el 1883, el cual marcó una época, basado en las cartas recibidas de los Mahatmas, convirtiéndose en la primera fuente de enseñanza de la Sabiduría Antigua acerca de Dios, la naturaleza y el hombre, para el mundo occidental, explica lo siguiente:

Las energías más groseras, aquellas que operan en las condiciones más pesadas o densas de la materia, se manifiestan objetivamente en la vida física, siendo su resultado la nueva personalidad en cada nacimiento. Mientras que las actividades morales y espirituales encuentran su esfera de efectos principalmente en el Devachan [el “Paraíso”]. Después de la muerte, los tres principios inferiores (el cuerpo físico, el cuerpo de vitalidad y el cuerpo astral) son progresivamente abandonados por el ser espiritual en el hombre, primero el fisico, luego el estéreo, o vitalidad y por ultimo el astral.

Para mayor información sobre los distintos cuerpos del hombre leer https://despertarlaconscienciacristica.wordpress.com/2016/03/13/que-sucede-despues-de-morir/

Los cuatro principios superiores van a aquel mundo que se encuentra vibratoriamente por encima del nuestro y al cual los Maestros Trans Himalayicos denominan: “el Kama-Loka”. En ese lugar, el ser interior se divide en dos. Esto se debe porque el quinto principio (el Alma, o Mental Superior), es una entidad muy compleja que se compone por elementos buenos y elementos malos. Ahora bien, por un lado el sexto y el séptimo principio van a atraer al quinto hacia el mundo divino, mientras que el cuarto principio lo va a atraer hacia la materia.

Y en la lucha que se entama, sus porciones buenas y elevadas se adhieren al sexto principio, mientras que sus instintos e impulsos bajos se adhieren al cuarto principio. Y así el ser interior es separado en dos partes. La parte baja va a permanecer flotando en la atmósfera sutil de la Tierra (el Kama-Loka) mientras que la parte alta entra en el mundo divino que se encuentra vibratoriamente más arriba y que los Maestros Trans-Himalayicos llaman: “el Devachan”.

Lo que sobrevive en el Devachan es la propia personalidad consciente del hombre, sus más elevados sentimientos, aspiraciones, afectos y hasta gustos, tal como la persona lo era en la Tierra. Hay una división de la persona, pero no debe deducirse con ello que solamente los sentimientos y pensamientos que directamente se refieran a la espiritualidad, ascienden al Devachan. Al contrario, son todas las fases superiores como pueden ser los sentimientos y la emoción afectiva.

Y así por ejemplo, si el humano era apasionado por la música durante su vida terrestre, él estará escuchando las melodías más agradables que pueda imaginar y permanecerá en un continuo deleite por las sensaciones que la música le producirá durante su estancia en el Devachan. En cambio si la más elevada felicidad de la persona en la Tierra era el afecto hacia sus seres queridos, estos seguirán a su lado durante su estancia en el Devachan.

ESTADO SUBJETIVO EN QUE ESTÁN LAS PERSONAS EN EL DEVACHAN

Entonces surge la pregunta:

¿Pero si sus seres queridos todavía siguen viviendo en la Tierra, como podrá la persona que se encuentra en el Devachan estar con ellos?

Y la respuesta es que no importa, porque para la persona que los ha amado, ellos estarán allí. Por consiguiente, ya deducirán que el Devachan es un estado subjetivo. Sin embargo, ese estado le parecerá tan real a sus habitantes, como nos parece a nosotros las sillas y mesas que están en nuestro entorno.

Las almas humanas en el Devachan sueñan con aquello que las hace más felices, pero es un sueño tan intenso y detallado que los humanos lo sienten más real que las experiencias que vivieron en el plano físico y sin nada negativo que venga a perturbar su inmensa dicha.

Pero, no hay que pensar que en el Devachan todo es subjetivo, porque a medida que los humanos vayan evolucionando más, entonces se van a despertar a la verdadera realidad que hay en el mundo divino. De esto se deduce que aunque la persona se encuentra sumergida dentro de su sueño, ella se encuentra en presencia y compañía de todo aquello que ella anhela, ya sean personas, cosas o conocimientos.

Para que las almas puedan experimentar la felicidad del cielo es necesario, que estén aislada del sufrimiento de los seres queridos, que dejaron en la tierra. Porque si ellas tuvieran conocimiento de las miserias que siguen pasando en la Tierra, entonces el Devachan se volvería un lugar de agudos sufrimientos mentales para sus habitantes, dejaria de ser un paraíso y terminaría convertido en un infierno

No es que a los humanos se les prohíba tener conocimiento de lo que sucede en la Tierra para que así puedan ser felices durante su estancia en el Devachan, sino que debido al nivel de desarrollo en el que se encuentran, ellos todavía no logran permanecer despiertos en el mundo divino, y el sueño que experimentan es tan dichoso que se olvidan de todo lo demás. Pero a medida que vayan evolucionando, entonces cada vez van a poder estar más despiertos y entonces ya van a poder ver lo que sucede en la Tierra.

Y esta situación haría que el Devachan se volviera una mansión infernal para sus ocupantes más generosos y compasivos, quienes continuarían de este modo sufriendo en presencia de la afligida raza humana, aun después de que sus seres queridos hubiesen sido liberados por el paso del tiempo.

Al ver la terrible agonia que hay en la Tierra, CRISTO VOLUNTARIAMENTE ESCOGIÓ DEJAR LA DICHA DEL CIELO PARA VENIR A SACRIFICARSE PARA MOSTRARNOS EL CAMINO DE REGRESO A LA DIVINIDAD

EL CICLO DE EXISTENCIA EN EL DEVACHAN

Pero aunque a la felicidad del Devachan no entran los efectos de las acciones negativas del ser humano, estas no desaparecen se quedan en pausa aguardando, a que despierte de su dichoso sueño. Así, las almas habiendo iniciado con el primer período de vida psíquica en el Devachan, luego siguen después el crecimiento de su intensidad, para luego de haber alcanzado la cúspide, comenzar una gradual pérdida de la fuerza psíquica, pasando luego a un letargo de semi-consciencia, olvido y por fin saliendo de ese estado para fallecer a la vida Celeste.

Pero esto no se traduce en “muerte”, sino en una nueva reencarnación en la Tierra, donde tiene que enfrentar el Karma que había dejado atrás, cuando entro en el Devachan. Y así los humanos van evolucionando alternando su existencia entre el mundo terrestre y el mundo divino. Nada más que en el mundo terrestre es donde laboran para desarrollarse, mientras que en el mundo divino es donde asimilan el desarrollo que adquirieron y también se reposan.

EL INFIERNO, O AVITCHI

Entre los romanos, el infierno era el Averno; entre los griegos era el Tartarus entre los indostanés el Avitchi, etc. El Avitchi está simbolizado por los infiernos de las grandes religiones. Infierno viene de infernus, región inferior. Infiernos atómicos de la naturaleza, éstos son los mundos

sumergidos situados dentro del interior de la Tierra.

El Devachan es un estado de gozo (cuya duración e intensidad es determinada por el mérito y la espiritualidad de la pasada vida en la Tierra), no puede presentarse allí ocasión alguna para la retribución de las malas acciones. Pero no es que los pecados sean perdonados, sino que estos se saldarán en la nueva reencarnación.

Cuando un ser humano se ha vuelto demasiado materialista, demasiado perverso, entonces, después del juicio, entra en el Avitchi. Dice el «Libro Tibetano de los Muertos»: “Al caer ahí tendrás que sufrir padecimientos insoportables, y donde no hay tiempo cierto de escapar”.

Aquellos que en cada reencarnación se volvieron más y más densos y malvados, terminan por entrar en el reino que les es afín. Este es el reino de las rocas, donde viven los restos fósiles petrificados de los que fueron criaturas vivas, estas son las gentes de corazón de piedra, corazón de pedernal, etc.

Estas gentes ya no responden a ningún tipo de castigo, y cada vez que se reencarnan lo único que hacen es trabajar en el mal y para el mal. Aman el mal por amor al mismo mal, por la persistencia en el crimen, por su exagerado materialismo, se han hecho, en alguna forma, minerales, han entrado en el reino mineral dispuestos a correr la misma suerte del mineral.

No son muchos, por lo tanto, los que llegan a ese “infierno” que es el Avitchi (como el lector discerniente percibirá). Y si se objeta que desde el momento en que existe el Devachan para casi todos: para los buenos, para los malos y para los indiferentes, entonces los fines de justicia y de equilibrio se frustran, pero verán que no sucede así.

El Mal esta representado por la oscuridad de la Tierra y el Bien por la luz de los Cielos (el Espíritu), dicen los textos religiosos. Por tanto, el lugar de castigo para la mayor parte de nuestros pecados es en el plano físico (que también es el lugar donde mayormente el mal se origina y tiene acción). Y es por eso que es en la Tierra donde se paga la inmensa mayoría del karma que cometen los hombres y es por eso que ven tantas desgracias en el planeta.

De modo que, el renacimiento en la existencia material es el suceso que pacientemente aguarda el Karma del mal, y entonces de un modo irresistible se afirma. Ahora bien, esto no quiere decir que el Karma del bien se agote en el Devachan, dejando a la infeliz alma que desarrolle una nueva conciencia, sin otros materiales que las malas acciones de su última personalidad.

Nada se pierde en el universo, las virtudes y buenas acciones acompañan eternamente al ser que la engendro. Por tal motivo, el renacimiento será calificado tanto por el mérito como por el demérito de la vida anterior.

Pero tampoco hay que suponer que todos los sucesos corrientes de la vida, ya sean alegres o tristes, son el fruto de antiguo Karma. Muchos pueden ser consecuencias inmediatas de actos de la vida a la cual pertenecen— Pero las grandes desigualdades de la vida, en lo que se refiere al modo de entrar en ella de los diferentes seres humanos, es una consecuencia manifiesta del antiguo Karma.

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