EL PODER DEL PENSAMIENTO

El pensamiento es el origen de la acción y controla las emociones. Es una fuerza tan poderosa como la electricidad. Como todas las formas de energía, el pensamiento puede ser usado bien o mal, así como la electricidad puede ser usada para mejorar nuestra calidad de vida o para destruirla.

Dado que la acción de cada fuerza tiene una reacción correspondiente y que el pensamiento es un poder que todos controlamos en alguna medida, es importante saber qué es el pensamiento y cómo puede ser usado en forma efectiva.

NATURALEZA Y EFECTOS DEL PENSAMIENTO
El pensamiento es una energía que produce la conciencia para modificar la materia sutil que conforma el plano mental. Cada vez que pensamos, hacemos vibrar nuestro cuerpo mental de determinada manera, y entonces aquellas vibraciones se transmiten a la materia que nos rodea en el plano mental. Esas vibraciones crean formas de pensamiento—es decir, formas en el campo de energía mental—cuyos colores, diseños, definición y persistencia se corresponden con la calidad, tipo, claridad e intensidad del pensamiento que las ha producido.

Los pensamientos son cosas. Cuando tenemos el mismo pensamiento o tipo de pensamientos de manera habitual, la forma de pensamiento resultante se reproduce rápida y precisamente. Por otro lado, cuando tratamos de pensar en direcciones nuevas y, para nosotros, inusuales, la forma de pensamiento resultante será lenta e incierta, porque nuestro cuerpo mental todavía no está acostumbrado a ese tipo particular de vibración.

Ésta es una explicación de la dificultad inicial que algunas personas experimentan al estudiar un tema nuevo o pensar de una forma nueva. El cuerpo mental se resiste, debido al esfuerzo requerido para dejar de lado formas de pensar habituales, y moverse en nuevas direcciones que no tienen el surco (o vibración) mental por el que nuestro pensamiento está acostumbrado a fluir. Salir de los viejos surcos requiere un esfuerzo mental persistente.
Los efectos del pensamiento son de dos tipos: los que reaccionan sobre el pensador y los que afectan a otros.
Los efectos del pensamiento sobre el pensador son también dobles: Primero, cualquier pensamiento repetido establece un hábito vibratorio en nuestro cuerpo mental. Segundo, el pensamiento tiene efectos secundarios en los cuerpos astral y causal. En nuestro cuerpo astral, el efecto son emociones temporales. Pero en nuestro cuerpo causal los pensamientos tienen una influencia permanente sobre nuestro carácter.

Nos hacemos a nosotros mismos de acuerdo al modo en que pensamos. Por esta razón es tan importante el recto pensamiento. Nuestros pensamientos no sólo refuerzan reacciones habituales emocionales y físicas, sino que también construyen cualidades en el cuerpo causal que forman parte de nuestro carácter permanente, vida tras vida.

Los efectos de nuestro pensamiento sobre los demás se producen a través del campo mental que los une a nosotros. Cuando pensamos, vibraciones radiantes crean una forma de pensamiento que flota a través del plano mental, generando vibraciones correspondientes en los cuerpos mentales de aquellos con los que impacta.

Además, dado que los campos energéticos mental y emocional están entremezclados y se compenetran, las vibraciones de pensamiento causan cambios en la atmósfera emocional, así como un viento afecta la superficie del mar y levanta grandes olas. Del mismo modo, las emociones afectan la materia del campo mental y generan pensamientos. Natural-mente, estas vibraciones emotivo-mentales pueden afectar a cualquiera que entre en su esfera de influencia, así como una tormenta de viento y las olas del mar afectan a las embarcaciones que se ven atrapadas en ésta.

Las formas de pensamiento, sin embargo, no están limitadas por el tiempo y el espacio en el modo en que lo están las formas físicas. Ellas se pueden esparcir rápidamente sobre una amplia área, siendo en este sentido más como ondas de radio o TV que ondulaciones del agua o aire. Por otro lado, ellas también pueden ser dirigidas hacia una persona particular.

Estamos rodeados por pensamientos provenientes de los demás, de muchas clases: felices y tristes, de enojo y de paz. Pero ningún pensamiento externo puede impresionarnos a menos que estemos a tono con su tipo. No somos víctimas del mundo mental que nos rodea, sino activos participantes en él. Del mismo modo que seleccionamos un canal de TV para mirar, elegimos un canal de pensamiento en el cual participar. Obviamente, entonces, es una buena idea el ponernos a tono con los pensamientos correctos del mundo mental.

Los rectos pensamientos son un escudo contra los malos. El modo de airear un cuarto mal ventilado es abriendo sus ventanas y llenándolo de aire fresco; el modo de clarificar una mente obstruida con malos pensamientos es llenarla de los correctos.

Los clarividentes nos dicen que las formas de pensamiento tienen diseños y colores—pálidos o vívidos, barrosos o claros—de acuerdo con el tipo y carácter de pensamiento que las crearon. También dicen que la definición o vaguedad de un pensamiento se refleja en la nitidez de los contornos de su forma. Si nuestros pensamientos son claros, definidos—y pueden serlo tanto en un modo dañino como benéfico—se resistirán a ser reemplazados por otros pensamientos.El prejuicio, por ejemplo, puede crear formas rígidas de pensamiento difíciles de disolver, mientras que la imparcialidad crea formas que son adaptables pero a su vez fuertes. Y mientras más intensamente pensemos, más tiempo durará la forma de pensamiento que producimos.

CONCENTRACIÓN Y MEDITACIÓN
La concentración y la meditación son dos importantes aspectos del poder del pensamiento. La concentración obviamente es de valor para todas nuestras actividades diarias. Concentrarnos en nuestro trabajo es hacerlo más eficientemente y así quedar libres para otras actividades más rápidamente.

La concentración regular sobre los pequeños detalles de la vida diaria forma el hábito de la atención, que probará ser valioso cuando nos aboquemos a cualquier otra tarea que requiera un pensamiento concentrado. La concentración es también esencial para el otro aspecto del pensamiento, la meditación. Sólo una mente entrenada a permanecer en un tema, a concentrarse en una tarea excluyendo todas las demás, puede tener éxito en la meditación.
La meditación intenta aquietar la personalidad— física, emocional, y mentalmente—para que nuestro foco pueda ser redirigido desde la personalidad transitoria a nuestra individualidad duradera. Para lograr ese cambio de foco hay disponibles muchas técnicas de meditación apropiadas para varios temperamentos y ocasiones. Ninguna técnica particular es la mejor para todos, pero algunas prácticas básicas son de ayuda, cualquiera sea la técnica que eventualmente se use. Para empezar, dedica cinco minutos cada mañana para un pensamiento calmo, positivo, focalizándose en alguna cualidad a desarrollar. Todos nosotros conocemos nuestras faltas, tales como irritarnos por pequeñeces, o preocuparnos innecesariamente, criticar, ser rudos o sarcásticos, hablar demasiado o chismear, o retraernos y mantenernos apartados.

Cada uno de nosotros podemos mencionar nuestros defectos. Sin embargo, pensar en esas características negativas no es el modo de deshacernos de ellas. Por el contrario, el pensar en sus opuestos nos ayudará a reemplazarlas. El dedicar cinco minutos de cada mañana a pensar sobre las cualidades que complementan nuestras debilidades es de ayuda.

Cierra tus ojos y, en la imaginación, represéntate a ti mismo actuando con la cualidad que quieres adquirir. Para hacer esto, la concentración es esencial; este ejercicio puede ser hecho sólo si la mente puede concentrarse exclusivamente en una actividad.

Si eres una persona que se irrita fácilmente, practica viéndote a ti mismo sereno, calmado, amable. Pero sé consciente de que vendrá una prueba: en determinado momento la irritación te invadirá, y pensarás que has fallado. Pero si has hecho la práctica regularmente, encontrarás que la irritación pasa más rápida y fácilmente que antes. Esto se irá incrementando hasta que eventualmente llegará el tiempo donde ya no reaccionarás con irritación, sin importar la situación. Entonces, puedes empezar con otro aspecto que quieras promover. No debemos preocuparnos si los resultados no vienen tan rápida o completamente como quisiéramos. El preocuparse es uno de los hábitos más difíciles de superar. Es un proceso de repetición de los mismos pensamientos negativos una y otra vez, cavando un surco cada vez más profundo en nuestra conciencia.

Eso es lo que significa “estar en un surco”. El único modo de salir del surco es empezar a trabajar en una nueva dirección dándole a nuestro cuerpo mental nuevos pensamientos para repetir. Puedes memorizar y repetir, cuando quiera que puedas o que te invada la preocupación, algunos dichos como estos: “La paz les dejo; mi paz les doy. Que tu corazón se encuentre libre de preocupación y temor.” (Juan 14.27). “El Ser es paz, ese Ser soy Yo.” “Todo estará bien, y todo estará bien, y todo estará bien.” Tales pensamientos les darán a la mente nuevos canales que seguir, ayudándola a liberarla de sus surcos previos.

DEL MISMO MODO, NO AYUDAMOS A QUIEN ESTA ENFERMO PENSANDO EN SU ENFERMEDAD, SINO ENVIÁNDOLE PENSAMIENTOS DE SALUD Y VIÉNDOLO EN NUESTRA IMAGINACIÓN COMO CURADO Y FUERTE. TAMPOCO AYUDAMOS A LOS PECADORES PENSANDO EN SUS FALTAS POR EL CONTRARIO LES PODEMOS AYUDAR PENSANDO EN SUS BUENAS CUALIDADES Y ENVIÁNDOLES PENSAMIENTOS DE AMOR, PAZ, PROGRESO, que fluirán en sus mentes tan pronto como haya un punto de entrada, y los ayudará a desarrollar esas cualidades en ellos.

Los muertos también están dentro del alcance de nuestros pensamientos. Es importante enviarles sólo los pensamientos más amorosos que podamos. Las oraciones por los muertos son ofrecidas en muchas religiones porque se sabe que son efectivas. Y enviarle a los muertos pensamientos de amor, paz, de los momentos felices, que compartimos, no de tristeza, los ayudará a hacer sus ajustes en el otro lado.

Sin embargo, en última instancia, el propósito de la meditación no es simplemente mejorar nuestra personalidad, sino más bien ponernos en contacto con nuestra propia esencia interna, que no tiene en ella sino lo bueno, lo verdadero y lo bello. El propósito de la meditación es ayudarnos a descubrir quiénes somos en verdad; a familiarizarnos con la realidad divina en nuestro interior, y a hacernos conscientes de que todo lo que realmente importa ya está dentro de nosotros.

Para hacer este descubrimiento, encontrar nuestra propia chispa interna, y despertar a la realidad, se necesita algo más que pensar; e incluso que pensar cosas buenas. Lo que se necesita es hacer contacto con el conocimiento interior, una sabiduría trascendental, una gnosis que está en el corazón de nuestro propio ser. Nos contactamos con el Alma no usando nuestra mente sino aquietándola. Pasa cada día cinco minutos simplemente en permanecer tranquilo, sin estar eligiendo, sino silenciosamente consciente de tu propio cuerpo y todo lo que está alrededor de ti.

El Salmo 46 dice: “Aquiétate y recuerda que YO SOY Dios”.
El poeta alemán, Johann Wolfgang von Goethe, dio cinco reglas para la vida, cada una de las cuales involucra la habilidad de controlar el pensamiento, y todas ellas colectivamente llevan a una mayor capacidad de estar despiertos: “No te preocupes por el pasado. No te enojes. No odies. Disfruta el presente. Deja el futuro a la Providencia.”

Fuente:http://www.ngsm.org/algeo08.htm

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