LA AUTORREALIZACIÓN

El hombre nace como potencialidad. No está realmente realizado: es sólo potencial. El hombre nace como una posibilidad, no como una realidad. Puede que llegue a ser algo; puede que logre la realización de su potencialidad o puede que no la logre. PUEDE QUE LA OPORTUNIDAD SEA USADA O PUEDE QUE NO LO SEA. Y la naturaleza no te está obligando a realizarte. Eres libre. Puedes elegir realizarte; puedes elegir no hacer nada al respecto.

El hombre nace como una semilla. De modo que ningún hombre nace realizado; tan sólo con la posibilidad de la realización. Si fuera así – y es así -, entonces la autorrealización se convertiría en una necesidad básica. Porque a menos que estés realizado, a menos que te vuelvas lo que puedes ser o lo que se supone que vas a ser, a no ser que se realice tu destino, a no ser que llegues realmente, a no ser que la semilla se convierta en un árbol realizado, sentirás que te falta algo. Y todo el mundo siente que le falta algo.

ESA SENSACIÓN DE QUE FALTA ALGO SE DEBE EN REALIDAD A ESTO, A QUE AÚN NO ESTÁS REALIZADO. No es realmente que te falten riquezas o posición, prestigio o poder. Incluso si consigues lo que requieres -riquezas, poder, prestigio, cualquier cosa-, sentirás esta sensación constante de que falta algo dentro de ti, porque este algo que falta no está relacionado con nada externo. Está relacionado con tu crecimiento interno. A menos que te completes, a menos que llegues a una realización, un florecimiento, a menos que alcances una satisfacción interna en la que sientas: «Esto es lo que estaba destinado a ser», sentirás esta sensación de que falta algo.

Y NO PUEDES DESTRUIR ESTA SENSACIÓN DE QUE FALTA ALGO DE NINGUNA OTRA MANERA. De modo que la autorrealización indica que una persona ha llegado a ser lo que tenía que llegar a ser. Había nacido como una semilla y ahora ha florecido. Ha alcanzado el crecimiento completo, un crecimiento interno, el fin interno. En el momento en que sientas que todas tus potencialidades se han realizado, sentirás la cima de la vida, del amor, de la existencia misma.

Abraham Maslow, que ha usado este término, «autorrealización», ha acuñado también otro término: «experiencia cumbre». Cuando uno llega a uno mismo, alcanza una cumbre: una cumbre de dicha. Entonces no hay ningún anhelo de ninguna otra cosa. Está totalmente contento consigo mismo. Ahora no falta nada; no hay ningún deseo, ninguna exigencia, ningún movimiento. SEA LO QUE SEA, ESTÁ TOTALMENTE CONTENTO CONSIGO MISMO.

La autorrealización se vuelve una experiencia cumbre, y sólo una persona autorrealizada puede alcanzar experiencias cumbres. ENTONCES TODO LO QUE TOCA, TODO LO QUE HACE O NO HACE -INCLUSO SIMPLEMENTE EXISTIR- ES UNA EXPERIENCIA CUMBRE PARA ÉL; simplemente ser, es dichoso. Entonces la dicha no tiene que ver con nada externo; es simplemente un resultado del crecimiento interno. Un Cristo y un Buda son personas autorrealizadas. Han florecido dentro y se han vuelto completamente florecidos. Ese florecimiento interno confiere un resplandor, una continua emisión de dicha que sale de ellos. Todos los que se aproximan incluso a su sombra, todos los que se acercan a ellos sienten una atmósfera de silencio en torno a ellos.

La autorrealización es la necesidad básica. Y cuando digo básica, quiero decir que si todas tus necesidades quedan satisfechas, todas excepto la autorrealización, te sentirás insatisfecho. De hecho, si la autorrealización sucede y no se satisface nada más, sentirás no obstante una satisfacción profunda, total.

Es por eso por lo que Buda era un mendigo y, sin embargo, un emperador. Buda vino a Kashi* cuando se iluminó. El rey de Kashi fue a verlo y le preguntó: «No veo que tengas nada, eres sólo un mendigo, y, sin embargo, siento que yo soy un mendigo comparado contigo. No tienes nada, pero tu manera de andar, tu manera de mirar, tu manera de reír, hace parecer que el mundo entero es tu reino. Y no tienes nada visible; ¡nada! Así que ¿DÓNDE ESTÁ EL SECRETO DE TU PODER? Pareces un emperador.» En realidad, ningún emperador ha tenido nunca ese aspecto: como si el mundo entero le perteneciera. «Tú eres el rey, pero ¿dónde está tu poder, la fuente?»

Así que Buda dijo: «Está en mí. Mi poder, mi fuente de poder, lo que sientes en torno a mí, está en realidad dentro de mí. No tengo nada excepto a mí mismo, pero es suficiente. Estoy realizado; ya no deseo nada. Me he vuelto sin deseos.» Verdaderamente, una persona autorrealizada se volverá sin deseos. Recuerda esto. Normalmente decimos que si te vuelves sin deseos te conocerás a ti mismo. Lo contrario es más cierto: si te conoces a ti mismo, te volverás sin deseos.

Entonces la ausencia de deseos le sigue. Deseo significa que no estás satisfecho por dentro, que te falta algo, así es que lo anhelas. Sigues y sigues, de un deseo a otro, buscando la plenitud. Esa búsqueda no acaba nunca, porque un deseo crea otro deseo. Si vas en busca de un estado de dicha a través de los deseos, nunca lo alcanzarás. Pero si pruebas otra cosa – métodos de autorrealización, métodos para realizar tu potencialidad interna, de hacerla realidad-, entonces, cuanto más te realices, menos y menos deseos sentirás, porque en realidad sólo los sientes debido a que estás vacío por dentro. CUANDO NO ESTÁS VACÍO POR DENTRO, LOS DESEOS CESAN.

¿QUÉ HACER CON RESPECTO A LA AUTORREALIZACIÓN? Hay que comprender dos cosas. Una: autorrealización no significa que si llegas a ser un gran pintor o un gran músico o un gran poeta estarás autorrealizado. Por supuesto, una parte de ti estará realizada, e incluso eso proporciona una gran satisfacción.

Si tienes una potencialidad de ser un buen músico y la realizas y te haces músico, una parte de ti estará realizada, pero no la totalidad. El resto de humanidad que hay dentro de ti permanecerá sin realizar. Estarás desequilibrado. Una parte habrá crecido, y el resto se habrá quedado como una piedra que cuelga de tu cuello. Observa a un poeta. Cuando está en su disposición poética parece un buda. Se olvida completamente de sí mismo: es como si el hombre corriente que hay en el poeta ya no existiera.

De modo que cuando un poeta está en su disposición, tiene una cumbre: una cumbre parcial. Y a veces los poetas tienen vislumbres que sólo son posibles con mentes iluminadas, como de buda. Un poeta puede hablar como un buda. Por ejemplo, Kahlil Gibran habla como un buda, pero no es un buda. Es un poeta, un gran poeta. De modo que si ves a Kahlil Gibran a través de su poesía, parece Buda, Cristo o Krishna. Pero si vas a ver al Kahlil Gibran auténtico, al hombre, percibirás la dicotomía. El poeta y el hombre están muy distanciados

El poeta parece ser algo que le sucede a este hombre a veces, pero este hombre no es el poeta. POR ESO LOS POETAS SIENTEN QUE CUANDO ESTÁN CREANDO POESÍA, OTRA PERSONA ESTÁ CREANDO; no son ellos los que están creando. Sienten que se han vuelto instrumentos de alguna otra energía, alguna otra fuerza. Ellos ya no están. Esta sensación se da porque, en realidad, su totalidad no está realizada: sólo una parte de ella lo está, un fragmento. No has tocado el cielo. Sólo uno de tus dedos ha tocado el cielo, y tú sigues arraigado en la tierra.

Se dice de Beethoven que cuando estaba en el estrado era un hombre diferente, totalmente diferente. Goethe ha dicho que cuando Beethoven estaba en el estrado dirigiendo a su grupo; a su orquesta, parecía un dios. No podía decirse que fuera un hombre corriente. No era un hombre en modo alguno; era sobrehumano. Su aspecto, la manera en que levantaba las manos, todo era sobrehumano.

PERO CUANDO BAJABA DEL ESTRADO ERA UN HOMBRE CORRIENTE. El hombre que había en el estrado parecía estar poseído por alguna otra cosa, como si Beethoven ya no estuviera allí y alguna otra fuerza hubiera entrado en él. Fuera del estrado era otra vez Beethoven, el hombre. Debido a esto, los poetas, los músicos, los grandes artistas, las personas creativas están más tensas: porque tienen dos tipos de ser.

El hombre corriente no está tan tenso porque siempre vive en uno: vive sobre la tierra. Pero los poetas, los músicos, los grandes artistas, saltan; van más allá de la gravedad. En determinados momentos no están sobre esta tierra, no forman parte de la humanidad. Se vuelven parte del mundo del buda: el territorio de los budas. Luego vuelven aquí otra vez. TIENEN DOS PUNTOS DE EXISTENCIA; SUS PERSONALIDADES ESTÁN DIVIDIDAS. Así es que todo artista creativo, todo gran artista está loco en cierta manera. ¡La tensión es tan grande! La falla, la grieta entre estos dos tipos de existencias es tan grande…, insalvablemente grande. A veces es sólo un hombre corriente; a veces se vuelve como un Buda, un Cristo.

Cuando Buda estaba vivo, todos los días por la mañana decía a sus discípulos: «Si tenéis que preguntar algo, preguntad.» La mañana del día en que se estaba muriendo, fue igual. Llamó a sus discípulos y dijo: «Si queréis preguntar algo ahora, podéis preguntar. Y recordad que ésta es la última mañana. Antes de que acabe este día, yo ya no estaré.» Era el mismo. Ésa fue su pregunta diaria por la mañana. ¡Era el mismo! El día era el último; pero él era el mismo. Igual que cualquier otro día, dijo: «Muy bien, si tenéis algo que preguntar, podéis preguntar; pero éste es el último día.»

No hubo ningún cambio de tono, pero sus discípulos empezaron a llorar. Se olvidaron de preguntar. Buda dijo: «¿Por qué estáis llorando? Si hubieseis llorado cualquier otro día, habría estado bien, pero éste es el último día. Para el atardecer, ya no estaré, así que no perdáis el tiempo llorando. Otro día habría estado bien; podríais haber perdido el tiempo. No perdáis el tiempo llorando. ¿Por qué estáis llorando? Preguntad, si tenéis algo que preguntar.» Era el mismo en la vida y en la muerte. Así que, en tercer lugar, el hombre autorrealizado está en calma. La vida y la muerte son lo mismo; la dicha y el infortunio son lo mismo.

Nada lo perturba, nada lo saca de su hogar, de su centro. A un hombre semejante no le puedes añadir nada. No puedes quitarle nada, no puedes añadirle nada: está satisfecho, realizado. Cada una de sus respiraciones es una respiración satisfecha, silenciosa, dichosa. Ha llegado. Ha alcanzado la existencia, el ser; ha florecido como hombre total. Éste no es un florecimiento parcial. Buda no es un gran poeta. Por supuesto, cualquier cosa que dice es poesía. No es un poeta en absoluto, pero incluso cuando se mueve, cuando camina, es poesía. No es un pintor, pero cuando habla, cualquier cosa que dice se convierte en una pintura. No es un músico, pero su ser entero es música por excelencia. El hombre como totalidad ha llegado.

De modo que ahora, cualquier cosa que esté haciendo o no haciendo…, cuando está sentado en silencio, sin hacer nada, incluso en silencio su presencia opera, crea; se vuelve creativa. Al tantra no le interesa ningún florecimiento parcial, le interesas tú como ser total. Así que hay tres cosas básicas: debes estar centrado, enraizado, y equilibrado; es decir, siempre en el medio: por supuesto, sin ningún esfuerzo. Si hay esfuerzo no estás equilibrado. Y debes estar a gusto, a gusto en el universo, en casa en la existencia, y entonces seguirán muchas cosas. Ésta es una necesidad básica, porque a menos que esta necesidad se satisfaga, eres un hombre tan sólo de nombre. Eres un hombre como posibilidad, no eres realmente un hombre. Puedes serio, tienes la potencialidad, pero la potencialidad tiene que hacerse realidad

Extracto del libro de los secretos de OSHO

 

 

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