LA COMUNICACION CON LOS MUERTOS

Extracto del libro”Visiones del Mundo Espiritual” de Rudolf Steiner, erudito literario, educador, artista, autor teatral, pensador social y ocultista. Fue el fundador de la antroposofía y educación Waldorf,

 Cuando un cristiano de la Edad Media, o en realidad, un cristiano de hace pocos siglos, al rezar, dirigía sus pensamientos a los muertos que le eran queridos y cercanos, sus emociones y sentimientos eran entonces más capaces, que lo que podrían serlo ahora, de influir en el animo de los muertos. Era mucho más fácil entonces que las almas de los muertos se sintieran penetradas por el tibio aliento del amor de aquellos que pensaban en ellos y los buscaban en sus plegarias, que lo que lo es ahora. En la actualidad, los muertos están mucho más aislados de los vivos que hasta hace varios siglos.

Es, en cierto sentido, mucho más difícil para ellos darse cuenta de lo que habita en las almas de los que han dejado atrás. Esto radica en la evolución de la humanidad, pero en esta evolución nuestra debe radicar también la recuperación de esta conexión, este intercambio vital entre los vivos y los muertos. En otros tiempos, era todavía normal que el alma humana estuviera en contacto con los muertos, aunque ya no con entera conciencia porque el hombre había dejado de ser clarividente por un largo tiempo. En épocas todavía más tempranas, el hombre podía buscar a sus muertos con visión clarividente y seguir su vida posterior, y así como entonces era normal tener intercambio vital con los muertos, así también ahora el alma, si obtiene pensamientos e ideas acerca de los mundos espirituales más elevados, podrá obtener el poder de establecer intercambio, un intercambio vital, con los muertos.

Hay un fenómeno muy simple que establece un vínculo para una investigación espiritual más amplia, sobre el contacto entre vivos y muertos. Aquellos espíritus que acostumbran a examinar un poco las cosas, habrán observado el siguiente fenómeno en ellos mismos — y confío en que muchos también lo hayan hecho.

Tomemos el caso de un hombre que haya odiado a alguien o que quizá sólo tenía conciencia de serle antipático. Ahora bien, cuando la persona que ha sido odiada o no ha gozado de aprecio muere, ocurre a menudo que el hombre que lo odiaba en vida no puede seguir odiándolo con la misma intensidad; no puede mantener su antipatía: Si el odio continúa más allá de la tumba, él experimenta una especie de vergüenza de que así sea.

Esta sensación, experimentada por muchos, puede rastrearse en forma clarividente, y durante esta investigación uno se puede hacer la siguiente pregunta: “¿Por qué sentir vergüenza por el odio o la antipatía hacia el muerto, teniendo en cuenta que absolutamente nadie sabía que se abrigaban esos sentimientos?”. Cuando el investigador clarividente sigue, a través de las puertas de la muerte hasta los mundos espirituales, al que ha partido, y allí vuelve la vista hacia el hombre que quedó atrás, encuentra que, en general, aquél que ha partido tenía una percepción muy clara del odio del que vive; en realidad, si se me permite la expresión, él continua viendo el odio, por así decirlo.

El hombre clarividente es capaz de establecer en forma muy precisa que el muerto percibe el odio, y podemos también averiguar que significado tiene ese odio hacia el muerto. El odio crea un obstáculo para sus buenas intenciones en su medio ambiente espiritual, comparable a los obstáculos que, en la tierra, podemos encontrar atravesados en el logro de nuestros propósitos.

Es un hecho que, en el mundo espiritual, los muertos encuentran que el odio o la antipatía sentida hacia ellos es un obstáculo en el camino para llevar a cabo sus buenas intenciones. Podemos entender entonces por qué, en un espíritu que bucea un poco en sí mismo, el odio, aun ampliamente justificable, se extinguirá a causa de la vergüenza que produce, después de la muerte del ser odiado.

Si un hombre no es clarividente, no conoce con certeza la razón, pero una sensación natural en su espíritu le dirá que está siendo observado. El siente: “El muerto se da cuenta de mi odio. Esta antipatía mía es un obstáculo en el camino de sus buenas intenciones”. Existen en el alma humana muchos sentimientos profundos que se aclaran cuando ascendemos a los mundos espirituales y enfrentamos los hechos espirituales que son la causa de estos sentimientos.

Así como en la tierra no deseamos que nos observen desde afuera, físicamente, cuando hacemos ciertas cosas — y en realidad nos abstenemos de hacerlas si sabemos que nos observan — así también, no seguimos odiando a un hombre después de su muerte si tenemos la sensación de que nos observa.

Pero el cariño, o aun la simpatía, que experimentamos por el muerto, hacen realmente más fácil su viaje; elimina los obstáculos a su paso. Lo que ahora estoy afirmando, es decir, que el odio crea obstáculos y que el amor los elimina no supone interferencia alguna con el Karma, mayor que la de algunas cosas que ocurren en la tierra y que no debemos considerar que pertenecen directamente al Karma.

Por ejemplo, si tropezamos con una piedra, no debemos atribuir eso siempre al Karma — de todos modos, a un Karma moral. En el mismo sentido, no está en contradicción con el Karma, el hecho de que los muertos experimenten alivio a causa del amor que fluye desde la tierra o que encuentren obstáculos que obstruyen el camino de sus buenas intenciones. Otra cosa que interesará aun más poderosamente, en lo que se refiere al intercambio entre los vivos y los muertos, es el hecho de que los muertos necesitan, en cierto sentido, alimento, aunque no, naturalmente, el mismo alimento de los seres humanos en la tierra, sino un alimento psíquicamente espiritual.

Así como en la tierra nosotros tenemos campos de cosecha, en los cuales maduran los frutos que sostienen nuestra vida física (puedo usar la comparación porque corresponde a los hechos), así también los muertos deben tener sus campos de cosecha en los cuales puedan recoger los frutos que necesiten para el tiempo que media entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Cuando la visión clarividente acompaña a los muertos, puede ver que los seres humanos cuando estan dormidas, son los campos de cosecha de los muertos. Es, en verdad, no sólo sorprendente, sino perturbador en extremo para el hombre que acaba de adquirir la clarividencia por primera vez y es capaz de ver en el mundo espiritual, observar cómo las almas que estan en el período intermedio entre la muerte y un nuevo nacimiento, se precipitan hacia las almas dormidas en busca de los pensamientos e ideas que allí se puedan encontrar.

De ellas obtienen la provisión de alimentos que necesitan. Cuando vamos a dormir por la noche, los pensamientos e ideas que han frecuentado nuestra mente en las horas de vigilia, vuelven a la vida — se convierten en seres vivientes, por así decirlo. Luego las almas de los muertos se acercan y participan de estas ideas, y al obrar así, se sienten alimentadas. ¡Oh! es una experiencia conmovedora en extremo el volver nuestra visión clarividente hacia los muertos que visitan de noche a sus amigos dormidos. (Esto se adapta en particular a la consanguinidad).

Ellos desean bañarse allí y, por así decirlo, nutrirse de los pensamientos e ideas que los seres vivientes llevan consigo al sueño, pero muchas veces no pueden hallar nada nutritivo. Es que hay una gran diferencia entre una idea y otra, en lo que se refiere a nuestra condición en el sueño. Si estamos ocupados todo el día con la parte materialista de la vida, dedicando nuestra mente sólo a lo que ocurre en el mundo físico y a lo que allí se puede hacer, y antes de irnos a dormir no dedicamos un solo pensamiento a los mundos espirituales — en realidad hacemos exactamente lo contrario en ciertos aspectos — no podemos ofrecer alimento alguno para los muertos.

Conozco ciertos lugares de Europa donde los jóvenes están educados de tal manera, que van a dormir después de haber tratado de beber toda la cerveza que les es posible soportar. Eso significa que los pensamientos e ideas que se apoderan de ellos no pueden vivir en el mundo espiritual, y cuando los muertos se les aproximan, encuentran un campo árido; esto resulta tan duro para ellos, como lo es para nosotros cuando nuestras cosechas fracasan y llega el hambre.

Especialmente en la actualidad, se puede observar que el HAMBRE es muy grande en el mundo espiritual, ya que los sentimientos materialistas son los que prevalecen y hay una gran cantidad de personas que consideran infantil ocuparse del mundo espiritual. Ellos niegan así el alimento anímico necesario a aquellas almas que, después de la muerte, están obligadas a obtener de ellos su nutrición.

Para comprender correctamente este hecho, es necesario aclarar que, después de la muerte, podemos alimentarnos de los pensamientos e ideas de aquellas almas que de algún modo estuvieron en contacto con nosotros durante nuestra vida.

NO PODEMOS OBTENER ALIMENTOS DE AQUELLOS QUE NO ESTUVIERON EN CONTACTO CON NOSOTROS. Si hoy difundimos la ciencia espiritual de modo que podamos tener nuevamente un vivo contenido espiritual en el alma, entonces mis queridos amigos, no solo trabajamos para que los seres vivientes queden satisfechos, sino que tratamos de llenar nuestros corazones y nuestras almas con pensamientos acerca del mundo espiritual sabiendo que los muertos que estuvieron en relación con nosotros en la tierra, deben alimentarse con ellos.

Hoy tenemos la sensación de que no sólo trabajamos para los que llamamos seres vivientes, sino también de que servimos al mundo espiritual al difundir la Ciencia Espiritual. Cuando nos dirigimos a los vivos explicando cómo debe ser este diario vivir, entonces, a causa de la satisfacción que estas almas experimentan, estamos creando ideas para su vida nocturna que pueden ser un alimento provechoso para aquellos cuyo Karma los condujo a la muerte antes que a nosotros.

Como ya lo he dicho, los muertos pueden obtener alimento sólo de aquéllos con quienes tuvieron contacto en vida, y tratan de juntar a las almas entre sí para hacer aun más extensos los campos de cosecha. Muchos hombres que no puedan encontrar campos de cosecha después de la muerte, porque toda su familia era materialista, podrán encontrar alguno entre las almas de los amigos con los que hubieran estado asociados.

En los primeros tiempos de la evolución del hombre, cuando las almas de los hombres estaban todavía llenas de cierta vida religiosa y espiritual, las comunidades religiosas, y especialmente las personas consanguíneas, buscaban el intercambio con los muertos. Pero ahora, LA CONSANGUINIDAD HA PERDIDO SU PODER y debe ser reemplazada cada vez más por el cultivo de una vida espiritual .

Y cuando en la actualidad, con visión clarividente, hallamos personas que viven entre la muerte y un nuevo nacimiento y que experimentan la desdichada suerte de descubrir que todos aquéllos que conocieron en la tierra, aún sus propios parientes, sólo tienen pensamientos materialistas, reconocemos la necesidad de infundir pensamientos espirituales en la cultura actual.

Por ejemplo, hallamos en el mundo espiritual un hombre que conocimos en la tierra y que recién ha muerto dejando deudos que también conocemos, su esposa e hijos, todos los cuales son buenas personas en su fuero externo.

Con visión clarividente vemos que este hombre no es capaz de encontrar a su mujer, que era el sol mismo de su existencia cuando volvía al hogar después de una ruda jornada de labor; y debido a que ella no tenía pensamientos espirituales en el corazón ni en la mente, él no puede ver dentro de su alma, y si está en estado de hacerlo, se pregunta: “Dónde está mi esposa?. ¿Qué se ha hecho de ella?”.

Sólo puede volver la mirada a la época en que estaba con ella en la tierra; pero ahora, cuando ella es su mayor necesidad, no puede hallarla. Y esto puede ocurrir. Hay mucha gente en la actualidad que más o menos cree que los muertos, en lo que a nosotros concierne han llegado a un cierto estado de inanidad, y esta gente sólo puede pensar en ellos con pensamientos completamente materialistas, pensamientos sin provecho alguno.

Cuando en la vida después de la muerte miramos hacia alguien en la tierra que nos apreciaba, pero que no cree en la supervivencia del alma después de la muerte, en ese momento, cuando toda nuestra atención está enfocada en el intento de lograr contacto con el ser querido, nuestra visión resulta como extinguida porque no podemos hallar al amigo que vive, ni entrar en contacto con él.

Sin embargo, sabemos que podría hacerse muy fácilmente si tuviera pensamientos espirituales en su mente. Esa es una experiencia de los muertos que es frecuente y muy penosa. Con visión clarividente, muchos pueden darse cuenta de que hay almas que, después de la muerte, encuentran muchos obstáculos en el camino de sus intenciones a causa de los pensamientos de odio que los acompañan; y el alma no puede hallar alivio en los pensamientos cariñosos de los que dejó atrás porque no puede entrar en contacto con ellos a causa de su materialismo.

Estas leyes del mundo espiritual, que pueden ser apreciadas con visión clarividente, tienen validez real y verdadera, como se puede ver en los casos que ha sido posible observar. Es interesante observar cómo trabajan los pensamientos de odio, y aún de mera antipatía, aunque no estén formados con plena conciencia.

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