LA CONSCIENCIA CRISTICA

Extracto del libro: “Consciencia Cristica” de ELIAS SAMUEL ROSARIO

La palabra Cristo, proviene del griego antiguo( Χριστός Christós, en hebreo Māšîaḥ el Mesías) que significa ‘ungido de Dios “lleno de gracia“. y esta es la verdadera razón por la cual “Cristo el Hijo, la segunda persona de la Trinidad,” se identifica con el Maestro Jesús, aquel ser humano, que logro tan elevado estado de perfección y pureza, que le permitió a la consciencia cristica, la luz divina, que emana del Padre manifestarse a través de EL.

Bhagwan Shri Rajnish, (1931– 1990) místico, orador y líder espiritual hindú

en su Libro: El Significado Oculto de los Evangelios, dice:

El maestro, Jesús de Nazareth, se transforma en el CRISTO a través del sacrificio. Un ejemplo para la humanidad, de que nadie puede transformarse sin sacrificio.

Tienes que pagar por ello: la cruz es el precio que se paga. Tienes que MORIR para volver a nacer, tienes que perderlo todo para ganar a Dios. Cuando padecía en la cruz, durante un momento él dudó, estaba muy desconcertado lo cual es natural. En ese instante no podía ver a Dios en ninguna parte. Todo estaba perdido, estaba perdiéndolo todo; iba a morir y parecía que estaba abandonado”

La teosofía en su aspecto científico, utiliza, la analogía para explicarse, de forma mas comprensible. Tomemos como ejemplo, lo que le ocurre a la semilla. Cuando se introduce en la tierra, hay un momento en el que se pierde así misma, lo que conlleva la duda, las mismas dudas que tuvo Jesús en la cruz.

Cuando la semilla está muriendo se agarra de lo que era. Quiere sobrevivir, nadie quiere morir. Y la semilla no puede imaginar que esto no es la muerte y que pronto resucitará envuelta en una forma espectacular, una transformación que sucederá mientras esta enterrada en la tierra. Desde dónde empezará a desarrollarse como brote.

No puede imaginar que de su muerte nacerá el árbol, que tendrá muchas hojas, flores y frutos. Vendrán pájaros que se posarán en sus ramas, harán sus nidos y la gente se sentará bajo su sombra; y el árbol hablará con las nubes y las estrellas de la noche, y jugará con el cielo, y bailará con el viento; y habrá gran regocijo. ¿Pero cómo puede conocer esto la pobre semilla que núnca ha sido otra cosa antes? Es inconcebible. Por eso Dios es inconcebible.

No se le puede demostrar a la semilla que esto es lo que le va a ocurrir, porque suponiendo que la semilla preguntara: ¿Entonces déjame VER en que me transformaré? esto es imposible, no podrás comprender, lo que le va a ocurrir. Eso sera en el futuro y cuando ocurra, la semilla habrá dejado de estar.

Jesús dudó, estaba preocupado, desconcertado. Gritó, casi le gritó al cielo: ¿Por qué me has abandonado? ¿Por qué? ¿Por qué me torturas así? ¿Qué mal te he hecho? Miles de pensamientos debieron cruzar por su mente. La semilla está muriéndose y es completamente inocente de lo que va a ocurrirle a continuación. No puede concebir cuál será el próximo paso, de ahí la necesidad de confiar.

La semilla tiene que confiar en que el árbol nacerá. Con todas sus dudas, todo tipo de miedos, inseguridades, angustias y ansiedades, a pesar de todo ello, la semilla tiene que confiar en que de ella un árbol nacerá. Es un salto hacia la fe, que viene del conocimiento. Este salto le sucedió a Jesús, se relajó en la cruz y dijo: «..Hágase tu voluntad…». Su corazón palpitaba. Es natural.

Tu corazón también palpitará, tú también tendrás miedo cuando te llegue el momento de la muerte, cuando llegue ese momento en el que desapareces y te pierdes en una especie de nada, y que parece que no hay manera de sobrevivir y tienes que rendirte.

Te puedes rendir de dos formas: primero, contra tu voluntad, en cuyo caso se perderás el verdadero objetivo, simplemente morirás y segundo, puedes relajarte con profunda aceptación y confianza, puedes rendirte sin ninguna resistencia…

Eso es lo que Jesús hizo, esta es la esencia de su paso por este mundo, enseñarte, que debe de aceptar, de aprender, que no te creaste a ti mismo, sino, que alguien superior a ti lo hizo y a el debe de entregarte, pues depende enteramente de el, pues tus fuerzas no son suficientes para depender de ti mismo.

Jesús vino para enseñarnos, que la muerte no es el final, sino un nuevo comienzo. Es su milagro mas grande. En ese momento vencía al mundo gobernado por Satanás y nos habría las puertas del cielo, estaba arrastrando a la humanidad de la obscuridad temporal hacia la luz eterna.

Jesús triunfa sobre la muerte, cuando a pesar de sus dudas, preocupaciones y sospechas se relaja, se rinde y dice: «Hágase tu voluntad», en ese momento Jesús desaparece y nace Cristo.

Cuando Jesús le dijo a los judíos: “Les aseguro que yo existo desde antes que existiera Abraham” Juan 8:58, no esta hablando de Jesús el hombre, que estaba frente a ellos, sino del Cristo, la Consciencia Cristica.

Una fuerza espiritual emanada directamente del Padre, antes de la creación del mundo. Teilhard de Chardin (1881 –1955) religiosopalentólogo y filosofo francés  miembro de la orden jesuita lo llama CRISTOGÉNESIS: Jesús engendrando a Cristo. Mediante la CRISTOGÉNESIS, el hombre se transforma en lo que realmente es; pierde aquello que no es y se convierte en lo que es: el hombre se vuelve «Cristo».

Pero un «Cristo», nunca un cristiano. Un cristiano es aquel que sigue el dogma cristiano. «Cristo» significa aquel que muere como semilla y se convierte en un árbol. «Cristo» significa abandonar el ego, desaparecer como uno mismo y aparecer en otro plano, un tipo de transfiguración: una resurrección.

«Cristo» significa que ya no estás solo: Dios está en ti y tú estás en Dios. Esta es la paradoja de la consciencia de Cristo. Por eso muchas veces se llama a si mismo Hijo del hombre y muchas otras veces Hijo de Dios. Es las dos cosas: Hijo del hombre en lo que al cuerpo concierne, e Hijo de Dios en lo que se refiere a la CONSCIENCIA.

Jesús es la paradoja: por un lado es hombre y por otro es Dios. Y cuando Dios y hombre trabajan juntos, no hay por qué sorprenderse si ocurren milagros. Los milagros se producen solo cuando Dios y el hombre funcionan juntos en colaboración.

León Tolstoi dijo: «Cristo es Dios y el hombre trabajando juntos, caminando juntos, danzando juntos». Según San Agustín: «Sin Dios el hombre no puede existir; sin el hombre, Dios no existe». Cristo es la combinación, la unión de lo finito con lo infinito, el tiempo y la eternidad encontrándose y fundiéndose el uno en el otro.

EL Papa Joseph Ratzinger (Benedicto XVI), filosofo, teólogo y escritor, en su libros titulados “Jesús de Nazaret” nos presenta la siguiente reflexión:

La Encarnación de Jesús, es el misterio de la admirable unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única Persona del Verbo”. La Encarnación del Hijo de Dios no significa que Jesucristo sea en parte Dios y en parte hombre, ni que sea el resultado de una mezcla confusa entre lo divino y lo humano.

Se hizo verdaderamente hombre sin dejar de ser verdaderamente Dios. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre». Jesús dice: “Mi Padre y Yo somos Uno”. Es consciente de que Dios es Uno, y de la Unidad de todo lo que tiene vida. Su vida es expresión del mandamiento fundamental del amor a Dios y al prójimo como a uno mismo. Tu prójimo y tú sois uno. Todos somos uno en Dios.

Jesús era consciente de que Dios vivía como hombre, encarnado en su cuerpo. También sabía que lo mismo pasa en todos nosotros. Dios se encarna en cada uno de nosotros. Lo que hace a Jesús especial es su total consciencia de su divinidad interior, su disposición a aceptarla y a vivirla. Esa conciencia llenaba todas las células de su cuerpo. La vivía en cada acción de su vida. Puso de manifiesto que es posible que el ser humano viva la Consciencia de Cristo.

Paramahansa Yogananda  1893 – 1952)  yogui y gurú hinduista, en su famoso libro “La Segunda Venida de Cristo” (Volumen III) explica: “La resurrección significa que el Espíritu universal, presente en toda la creación en forma de Consciencia Crística, está resurgiendo constantemente, es decir, despierta o se manifiesta en todo momento.

Cuando erradica la ignorancia y abrigas pensamientos nobles, Cristo resucita dentro de ti, la Conciencia Crística, manifestada plenamente en Jesús, despierta en tu interior. El Espíritu mora en cada uno de nosotros. No es preciso que el hombre muera para que el Espíritu resucite. La resurrección física de Cristo fue sólo una parte de la lección de su vida. Cada vez que dejas de lado una debilidad y te sientes feliz por ser bueno, Cristo resucita nuevamente. Puedes traer la Conciencia Crística a tu interior ahora mismo.

Resucita tu calma, que se halla sepultada bajo los escombros de la inquietud; resucita tu sabiduría, que permanece oculta bajo la mortaja de la ignorancia mundana; resucita tu amor, que está enterrado bajo el suelo del egoísmo y apegos humanos. Para encontrar al verdadero Cristo debes expandir tu consciencia, como hizo Jesús. La manera física de practicar las enseñanzas de Cristo supone tratar a todas las personas como hijos de tu propio Padre”

Edgar Cayce, 1877-1945) vidente y psíquico estadounidenses, decia: Pecar es: “no vivir la Consciencia de Cristo. Cuando volvemos la espalda a nuestra consciencia de la unidad y consideramos que nuestro ser físico, nuestra existencia en el mundo material, es la realidad principal, no estamos viviendo la consciencia de unidad, que nos enseño Cristo y por lo tanto estamos pecando. Cuando ponemos más énfasis en lo creado que en el creador, no vivimos la consciencia de Cristo”

Edgar Cayce, definía el pecado como el YO. Con ello quería decir, que cuando pecamos nos centramos en nuestra separación en lugar de hacerlo en nuestra unidad. El pecado engendra su propio castigo. No es necesario que otro nos castigue. El centrarse en la separación engendra temor. El miedo nos pone a la defensiva, el estar a la defensiva aumenta nuestra separación. Mientras mas separación, mas débil se hace el vinculo espiritual y mas nos alejamos de la consciencia de unidad, que es la consciencia cristica.

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