LA CONVERCION DE VOLTAIRE

Muchas gentes se pasa la vida pensando que con la muerte todo acaba, pero cuando llegan al final del camino, cambian de opinión y se arrepienten de haber vivido olvidado de su parte espiritual. La proximidad de la hora de la muerte, transforma totalmente a la persona. Por esa razón, el testimonio de los moribundos. Aun los mas mentirosos confiesan en esos momentos la verdad. Aun los mas apegados, avaros y egoístas se desprenden de sus bienes.

Una mirada a un moribundo en su lecho de muerte revela frecuentemente más acerca de él que todas sus grandes fortunas, acciones y hechos, porque en los momentos en que el hombre se encara con la muerte es frecuente que se despoje de su máscara y se muestre veraz. Muchos han debido reconocer entonces que sus metas han estado cimentadas sobre arena y que, en la persecución de vanas ilusiones, sufrieron un terrible engaño.

Aldous Huxley escribe, en el prólogo de su libro Un mundo feliz, que todas las cosas deberían ser juzgadas como si fuesen vistas desde el lecho de muerte

Un buen ejemplo, lo representa la vida de uno de filósofos mas destacado de la historia humana, Voltaire, cuyo verdadero nombre era François-Marie Arouet, (1694-1746) fue un escritor y filosofo frances, que estudió en un colegio jesuita. Pero a pesar de la educación estricta y religiosa de los jesuitas, descubre un espíritu libre que quiere liberarse de la religión y la monarquía. En 1713, abandonó sus estudios para dedicarse a la escritura.

La mayor parte de su vida, la pasó escribiendo y filosofando, en contra de la religión. Sin dudas, el pensamiento y las ideas que promovía Voltaire, tanto en sus escritos como en sus disertaciones, marcaron un antes y un después y también le valieron varias enemistades como por ejemplo la Iglesia, la cual ciertamente lo despreciaba como consecuencia de su defensa a ultranza de la tolerancia religiosa y de la libertad ideológica. acuso al cristianismo de ser el absoluto culpable de los fanatismos dogmáticos que abundaban.

Aunque reconocía la acción de un Ser Supremo, la filosofía práctica que promovía lo hacían prescindir de Dios en todo momento, de ninguna manera avalaba la intervención de Dios en los asuntos de los hombres. Sostenía, que la labor del hombre es tomar su destino en sus manos y mejorar su condición mediante la ciencia y la técnica, y embellecer su vida gracias a las artes. Como se ve, su filosofía práctica prescinde de Dios.

CONVENCION Y MUERTE DE VOLTAIRE

El catedrático de Filosofía Carlos Valverde escribe un sorprendente artículo en el que documenta históricamente la muerte y conversión de uno de los más celebres enemigos de la fe religiosa, afirma dicho autor, que mientras hojeaba el tomo Xll de una vieja revista francesa, Correspondance Littérairer, Philosophique et Critique, en el número de abril de 1778 de la revista (páginas 87-88) se encuentra uno nada menos que con la copia de la profesión de fe de M. Voltaire. Literalmente dice así:

«Yo, el que suscribe, declaro que habiendo padecido un vómito de sangre hace cuatro días, a la edad de ochenta y cuatro años y no habiendo podido ir a la iglesia, el párroco de San Sulpicio ha querido añadir a sus buenas obras la de enviarme a M. Gautier, sacerdote. Yo me he confesado con él y, si Dios dispone de mí, muero en la santa religión católica en la que he nacido esperando de la misericordia divina que se dignará perdonar todas mis faltas, y que si he escandalizado a la Iglesia, pido perdón a Dios y a ella.

Firmado: Voltaire, el 2 de marzo de 1778 en la casa del marqués de Villete, en presencia del señor abate Mignot, mi sobrino y del señor marqués de Villevielle. Mi amigo». Firman también: el abate Mignot, Villevielle. Se añade: «declaramos la presente copia conforme al original, que ha quedado en las manos del señor abate Gauthier y que ambos hemos firmado, como firmamos el presente certificado. En París, a 27 de mayo de 1778. El abate Mignot, Villevielle».

Su médico -M. Trochin, protestante-, testigo ocular de cuanto sucedió en sus últimos momentos, escribía a Bonnet el 27 de junio de 1778 (27 días después de la muerte del famoso incrédulo): Poco tiempo antes de su muerte, M. Voltaire, preso de furiosas agitaciones, gritaba foribundamente: Estoy abandonado de Dios y de los hombres. La marquesa de Villete, en cuya casa murió Voltaire, contó después más de una vez a su familia y a sus confidentes los detalles de aquel fin horrible . “Nada más verdadero -dice ella- que cuanto M. Tronchin afirma sobre los últimos instantes de Voltaire. Lanzaba gritos desaforados, se revolvía, crispábansele las manos, se laceraba con las uñas. Pocos minutos antes de expirar le habló al abate Gaultier. Varias veces quiso hicieran venir un ministro de Jesucristo.

Al acercarse el fatal momento, una redoblada desesperación se apoderó del moribundo; gritaba, diciendo que sentía una mano invisible arrastrarle ante el tribunal de Dios; invocaba con aullidos espantosos a aquél Cristo que él había combatido durante toda su vida; finalmente, para calmar la ardiente sed que le devoraba, llevóse a la boca su vaso de noche; lanzó un último grito, y expiró entre la inmundicia y la sangre que le salían de la boca y de las narices”

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