¿COMO CAMBIAR EL MUNDO?

La historia del siglo XX presenta un cuadro triste sobre la naturaleza humana. Una larga serie de guerras y conflictos, (a menudo derivando de avaricia económica o de los sentimientos de supremacía religiosa, racial o nacional), han causado la más indecible miseria y un derramamiento de sangre, y todavía hoy la paz mundial parece tan evasiva como siempre. Y aunque nuestro planeta tiene suficientes recursos para alimentar y cuidar a todos sus habitantes, 500 millones de personas no tienen comida, y un niño muere de hambre cada dos segundos. Hay muchas ideas diferentes respecto a las reformas sociales y económicas para cambiar el mundo para mejor. Pero cambiar desde arriba (aunque el cambio sea correcto) no es suficiente, también se necesita un cambio perdurable en la naturaleza humana.

Nosotros somos más que productos de nuestro ambiente. Nuestro carácter y comportamiento no son simplemente el resultado de nuestra educación y nuestra experiencia en esta vida, porque personas diferentes pueden reaccionar a cosas similares de muchas formas distintas, dependiendo de sus disposiciones básicas. Desde el momento en que nacemos, comenzamos a mostrar ciertos rasgos de carácter distintivos, los cuales son desarrollados luego en el transcurso de nuestras vidas.

¿PERO DE DÓNDE VIENE NUESTRO CARÁCTER BÁSICO?

Los materialistas probablemente dirían que está determinado por los genes o el ADN que heredamos de nuestros padres. Pero el ADN está muy sobrevalorado por los científicos materialistas, porque si bien es cierto que el código del ADN regula la producción de proteínas, los elementos básicos de nuestro cuerpo. No explica cómo esas proteínas se las arreglan para organizarse en tejidos y órganos y seres vivos complejos, y no hay evidencia cierta de que el ADN físico determina nuestro modelo básico de pensamiento y comportamiento. La conclusión es que los esfuerzos para reducir las maravillas de la vida y la mente a interacciones puramente físicas y químicas son extremamente inadecuados y poco convincentes.

Hay dos principales explicaciones alternativas para nuestros caracteres básicos.

Primero, podría haber algún ser supremo o Dios que crea una nueva alma para cada niño recién nacido, y de este modo determina el cuerpo y el carácter con el que nacemos. Sin embargo, esto podría significar que Dios es responsable de la creación de las debilidades e imperfecciones que son parte de nuestra naturaleza básica, así que él tendría que ser o muy limitado e imperfecto, o muy cruel e injusto. Por lo que este concepto de Dios como una clase de imagen magnífica de nosotros, incluyendo nuestros vicios, no es particularmente elevador, y afortunadamente está pasando de moda.

La otra principal explicación para nuestros caracteres básicos es la reencarnación. Y esta visión explica que nuestros hábitos y tendencias básicos son una clase de memoria de nuestras elecciones y experiencias, de nuestros logros y fracasos en vidas pasadas. Un alma reencarnante es atraída automáticamente hacia los padres que pueden proporcionarle el cuerpo y el ambiente familiar más adecuado para sus necesidades kármicas, y en el curso de nuestras vidas, nosotros nos sentimos atraídos por la gente y los eventos que nos presentarán los desafíos y experiencias necesarias para nuestro desarrollo.

Karma básicamente significa que somos responsables de nosotros mismos, y que todo lo que nos suceda, de algún modo lo hemos atraído. Y esto se aplica no solamente a individuos, sino a países y razas enteras (y en última instancia a nuestro planeta completo). A algunas personas no les gusta la idea del karma porque significa que ya no podemos considerarnos víctimas inocentes y culpar a otros por nuestra desgracia. Pero es realmente una idea reconfortante y liberadora, porque significa que nos moldeamos nuestro propio futuro y que por lo tanto la justicia prevalece. Así que el karma no es una doctrina del fatalismo.

No significa que todo está predeterminado y que por lo tanto deberíamos sentarnos y aceptarlo todo y no hacer ningún esfuerzo para mejorar nuestras vidas o las de los demás. Y si no encontramos en una situación donde podemos ayudar a otros y reducir algo del sufrimiento y la injusticia en el mundo, eso es una oportunidad para sacar provecho del karma. Esto está expresado con fuerza en el libro “La Voz del Silencio” que H.P. Blavatsky tradujo de un trabajo estudiado por los aspirantes espirituales en el Oriente. Y contiene esta declaración:

« La inacción en una obra de caridad, viene a ser acción en un pecado mortal. » 

No importa cuánto nos sintamos provocados, tentados u oprimidos por la gente y las condiciones alrededor nuestro, la manera en que reaccionamos es finalmente nuestra propia elección. Si alguien nos molesta, nuestro instinto inmediato puede ser darle la espalda. Pero no hay algo como “ajustar la puntuación”, porque cada acto genera nuevas causas, cuyas consecuencias, en algún momento futuro, rebotarán sobre nosotros.

La gente no lastima a otro por sabiduría, sino por debilidad, ceguera e ignorancia (y de hecho tal comportamiento es a menudo un grito de ayuda), y golpear de nuevo o recurrir a las leyes hace que exhibamos la misma debilidad. EN CAMBIO, SI LO VEMOS DESDE EL PUNTO DE VISTA DE QUE DE ALGUNA MANERA HEMOS ATRAÍDO ESE DAÑO HACIA NOSOTROS, entonces aunque esto no disculpe al malhechor, nos debería ayudar a resistir a la tentación de devolver el dolor y a enfrentarse a la injusticia con compasión y perdón.

Algunas veces nuestros ideales pueden olvidarse en el calor del momento, pero si de manera sincera  nos aferramos a ellos, entonces con el tiempo deberíamos ser más capaces de enfrentarnos a las pruebas de la vida cotidiana con más paciencia, desapego y alegría. Idealmente, los conflictos sociales y nacionales se resolverían pacíficamente, a través del diálogo y la reconciliación. Pero a veces las fuerzas del fanatismo, egoísmo y odio pueden ser tan poderosas que los estallidos de violencia son prácticamente imparables.

Los conflictos que ocurren entre naciones y entre grupos sociales o raciales reflejan los conflictos que ocurren a una escala más pequeña entre individuos, y estos a la vez reflejan los conflictos que ocurren dentro de cada individuo. Por lo tanto, el mundo nunca estará en paz hasta que no estemos en paz con nosotros mismos. Podemos dividir al ser humano interno de varias maneras, pero hablando en general, tenemos un yo inferior y un yo superior, una personalidad inferior y una individualidad espiritual. El yo inferior tiene un número bien conocido de características. SU PRINCIPAL PREOCUPACIÓN ES ÉL MISMO Y SATISFACER SUS NECESIDADES E INTERESES. Adora y busca alabanzas y aplausos, pero es muy sensible a la crítica y es fácilmente ofendido. 

Tiene una tremenda dificultad para ver sus propios defectos, pero una gran perspicacia para identificar los defectos de otros. Le encanta quejarse, y si no tiene algo que le de pretexto de hacerlo, inmediatamente encuentra otra cosa por la cual quejarse. Tiende a desear todo lo que no puede tener (especialmente lo que otros tienen), y si consigue lo que quiere, a menudo pierde el interés por ello y anhela algo más. 

Nuestro yo superior, por otra parte, es la fuente de nuestra conciencia, nuestro sentido moral, y nuestra intuición, la fuente de nuestros sentimientos y aspiraciones nobles y altruistas, y la morada de los talentos creativos y habilidades que aún tenemos que desplegar. Cuanto más podamos controlar nuestras mentes inquietas, y nuestros pensamientos y deseos agitados, más capaces seremos para recibir y reflejar la iluminación de nuestro yo superior, de la misma manera como el agua en calma refleja mejor los rayos solares que el agua turbulenta.

POR CONSIGUIENTE, NUESTRA ELECCIÓN BÁSICA ES:

–      permitirnos ser esclavizados por nuestro yo animal, y por lo tanto crucificar nuestro yo espiritual (el Cristo interior),

–      sacrificar (que significa transformar) nuestro yo animal  y buscar la inspiración de nuestro yo superior.

Por lo tanto, el reto no es erradicar la personalidad sino refinarla y elevarla para convertirla en un vehículo adecuado para el “Dios interno”. Y esto no es tarea fácil, porque somos producto de nuestro hábito; seguimos los surcos del pensamiento y del comportamiento que hemos tallado durante el curso de muchas vidas. Para reemplazar los malos hábitos por los buenos, necesitamos observar constantemente lo que se está llevando a cabo en nuestras mentes y cómo actuamos y reaccionamos en nuestra vida diaria,  así como observarnos cada vez que pensamos o actuamos de manera egoísta.

Cuanta más atención préstamos a unos pensamientos, ideas o recuerdos en particular, más energía mental les enviamos, y más fuertes se hacen. Así que cambiar el foco de nuestra atención hacia cosas más positivas es una parte esencial para mejorar nuestro carácter. Pero no es suficiente, porque hay una gran diferencia entre reprimir cosas y eliminarlas verdaderamente. Reprimir a los pensamientos y a los sentimientos significa forzarlos a caer en el pantano de la mente subconsciente, donde invariablemente saldrán a la superficie de vez en cuando. Pero para verdaderamente disipar y disolver los pensamientos y sentimientos negativos de manera que podamos utilizar la energía que hemos puesto en ellos para un uso más provechoso. Para eso tenemos que cambiar las creencias y las actitudes que ayudan a mantener esas ideas todavía de pie.

Y aquí es donde estudiar la Sabiduría Antigua es de una tremenda importancia práctica, porque las enseñanzas como la reencarnación y el karma (y nuestro potencial espiritual) nos ayudan a encontrar el sentido de nuestras vidas, a ver las cosas desde un punto de vista más amplio y a animarnos a vivir éticamente.

Por ejemplo, no podemos verdaderamente llegar a un acuerdo con el pasado y eliminar sentimientos de enfado, resentimiento, venganza, envidia u odio, hasta que abandonemos la ilusión de que somos víctimas inocentes del azar o del destino y podamos aceptar nuestra responsabilidad por las cosas que nos suceden. Los problemas que afligen a nuestra sociedad (desde las adicciones a las drogas hasta los crímenes violentos, y pasando por la explotación económica y la destrucción del medio ambiente) son generalmente síntomas de causas las cuales se encuentran profundamente arraigadas.

Y es que la manera como actuamos refleja la manera como pensamos, por lo tanto es esencial abordar no solamente la pobreza material sino también la pobreza espiritual, y la perspectiva negativa y estrecha sobre la vida que muchas personas tienen. La visión materialista mundial (que no somos más que complejas máquinas físicas, que aparecen de la nada, por ninguna razón y hacia ningún fin) NO es una filosofía saludable para vivir.

LA CREENCIA DE QUE NINGUNA PARTE DE NOSOTROS SOBREVIVE A LA MUERTE, DE QUE NO SOMOS RESPONSABLES DE NUESTROS ACTOS, y que las únicas cosas que vale la pena perseguir en la vida son: riqueza, poder y placer, dan como resultado a personas que buscan la felicidad y el significado de la vida de manera equivocada. La búsqueda de la riqueza, por ejemplo, no traerá satisfacción duradera. La satisfacción e inspiración profundas vienen gracias al descubrimiento y al despliegue de las riquezas de nuestra naturaleza interna, y ayudando y dando felicidad a las vidas de otros.

Esas son las más nobles y elevadas cualidades que hemos construido dentro de nuestras almas, y que perdurarán más allá de la muerte y que traeremos con nosotros a nuestra siguiente vida, y no nuestros coches lujosos, casas hermosas o aparatos consumistas. Y si somos ricos o pobres, no somos más que los guardianes de lo que sea que tengamos, porque la vida implica dar y tomar. Por ejemplo: tomamos el aire del exterior, lo transformamos adentro nuestro y luego lo devolvemos a la naturaleza. 

POR CONSIGUIENTE, NINGUNA DE NUESTRAS POSESIONES ES VERDADERAMENTE Y ABSOLUTAMENTE NUESTRA. Incluso los átomos de nuestros cuerpos son simplemente prestados por la naturaleza, y cuando nuestro yo interno acaba de utilizarlos como un vehículo, él los expulsará y luego serán utilizados por otra entidad. Así que lo que importa no es cuánta riqueza tengamos, sino nuestra actitud hacia ella y hacia lo que hacemos con ella.

Pero no es solamente la visión materialista mundial la responsable de la ceguera que muchas personas tienen. TAMBIÉN LO ES LA RELIGIÓN, y especialmente en Occidente, donde ha jugado a menudo un papel divisivo y sangriento en la historia humana. Y algunas doctrinas religiosas y teológicas son tan estrechas y negativas en sus efectos como los son las doctrinas materialistas. POR EJEMPLO LA CREENCIA CRISTIANA DE QUE VIVIMOS SOLAMENTE UNA VEZ EN LA TIERRA, y que cuando morimos, independientemente de cómo hayamos vivido, todos nuestros pecados serán perdonados siempre que creamos en Jesús, es ilógica e injusta.

Y en cuanto a la idea de que Dios luego enviará a los creyentes a un paraíso eterno, mientras que a los no creyentes los botará a un eterno infierno de fuego donde “llorarán y rechinarán sus dientes”, cabe decir que cuanto más pronto se extingan tales supersticiones, mejor. En una sola vida podemos solamente mejorar una pequeña fracción de las capacidades de nuestra naturaleza superior, y es precisamente enfrentando las consecuencias de nuestros actos, vida tras vida, que aprenderemos mejor y evolucionaremos. El progreso moral y espiritual genuino es algo que tenemos que lograr a través del autoesfuerzo y la autodisciplina, porque de lo contrario sería un logro muy fácil de conseguir.

Personas diferentes pueden encontrarse en diferentes etapas de desarrollo, o más desarrolladas que otras personas en algunos aspectos, pero nadie es inferior en el sentido de ser de menor valor intrínseco o de menor potencial intelectual o espiritual, ya que a un nivel energético, todos somos hermanos y hermanas, aunque nos guste la idea o no. Nosotros empezamos nuestro viaje a través del reino humano como seres inconscientes, no pensantes, en un estado de inocencia, simbolizado en la alegoría bíblica por el Jardín del Edén. Comer el fruto del árbol de sabiduría del bien y del mal representa el surgimiento de la autoconciencia. Esto nos da el poder de pensar y elegir, el libre albedrío, pero también eso nos convierte en seres moralmente responsables. Y entonces la diversión realmente comienza. Nuestro estado original de inocencia se pierde y somos expulsados del Edén.

Esta es la Caída, una caída hacia la personalidad independiente y autoconsciente. Y es también una caída hacia la materia, ya que el libro del Génesis dice que tomamos vestiduras de carne”, significando que nuestros cuerpos originales y etéreos se van haciendo cada vez más físicos, dando como resultado un oscurecimiento de nuestra luz interna. Empezamos a ver a los demás como totalmente separados y distintos de nosotros, y somos tentados a usar nuestro libre albedrío para fines egoístas, para conseguir nuestros propios intereses a costra de los demás.

Y es que el regalo divino del libre albedrío es un regalo a doble filo, ya que nos permite elevarnos en última instancia hacia el nivel de los dioses, o hundirnos por debajo del nivel de las bestias, porque los animales son en su mayor parte seres instintivos y nunca son deliberadamente crueles, destructivos o maliciosos, mientras que los humanos desafortunadamente a veces sí lo son.

Pero como aspirantes a dioses, tenemos la habilidad de ver a través de la ilusión de la separación, y de entender que somos niños del Espíritu Cósmico, descendientes de la Vida Única, y es nuestro deber contribuir a la mejora del curso evolutivo de la naturaleza ayudándonos los unos a los otros a lo largo del camino. (Pero para alcanzar nuestro completo potencial espiritual, son necesarias un gran número de vidas.) 

La mayoría de nosotros tenemos un largo camino que recorrer para convertirnos en seres divinos, pero todos nosotros podemos hacer una contribución real para cambiar el mundo a mejor esforzándonos en corregir nuestros propios defectos, y  ayudando a los que nos rodean con palabras alentadoras, obras amables y pensamientos edificantes. Y cada paso a lo largo de este camino es un paso hacia un mundo más pacífico y solidario para todos.

Fuente: Articulo original en Ingles

http://davidpratt.info/change.htm

 

“Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo”

— Mahatma Gandhi

 

 

 

 

 

 

 

 

1 Comment on "¿COMO CAMBIAR EL MUNDO?"

  1. Gracias por ese aporte tan necesario en este mundo, tan tulbulento, me ha ayudado a comprender que todo en la vida depende de nosotros mismo y no de una fuerza extraña

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