CUANDO A LA GENTE BUENA LE PASAN COSAS MALAS”

Cuando Harold Kushner supo que su hijo de tres años moriría a causa de una rara enfermedad, debió enfrentarse al más duro y terrible interrogante de todo ser humano. Fruto de esta amarga experiencia, le surgió la idea de escribir este libro para quienes han sido heridos por la vida. Las desgracias de la gente buena no son solamente un problema para los que sufren y sus familias. Constituyen un problema para todos los que quieren creer en un mundo justo, honesto, habitable. Cuestionan la bondad, la benevolencia, y aun la propia existencia de Dios.

Yo ejerzo como rabino de una congregación de unas dos mil quinientas personas. Los visito en los hospitales, oficio sus funerales, trato de ayudarles en el trámite doloroso de sus divorcios, en sus fracasos financieros, en su infeliz relación con sus propios hijos.

Me siento y escucho lo que tienen que contarme sobre sus maridos o esposas que se están muriendo, sobre sus padres seniles cuya longevidad es más una maldición que una bendición, sobre lo que significa ver a sus seres queridos retorcerse de dolor y sentirse sumidos en la frustración. Y me resulta muy difícil decirles que la vida juega limpio, que Dios da a la gente lo que se merece y necesita.

Una y otra vez, he visto a familias e incluso a una comunidad entera unirse para rezar pidiendo la recuperación de una persona enferma, sólo para ver que sus esperanzas eran burladas y sus oraciones desatendidas. He visto enfermar a las personas equivocadas, he visto sufrir daño a los que menos lo merecían, cuando abro el periódico me resulta difícil creer en la bondad de este mundo: asesinatos sin sentido, jóvenes muertos en accidentes de tráfico cuando se dirigían a su boda o volvían de recibir un diploma de graduación.

Sumo estas historias a las tragedias personales que he vivido y tengo que preguntarme si puedo, en buena fe, seguir diciendo a la gente que el mundo es bueno y que hay una especie de Dios amoroso y responsable de todo lo que sucede en el mismo. Si el mundo jugara limpio, seguro que no se lo merecerían. No son mucho mejores ni mucho peores que la mayor parte de la gente que conocemos. ¿Por qué entonces son sus vidas tan duras? ¿Por qué sufren los justos o por qué a la gente buena le pasan cosas malas?

Una de las maneras que ha tenido la gente de encontrar un sentido al sufrimiento del mundo en cada generación ha sido figurándose que merecemos lo que recibimos, que de algún modo nuestras desgracias provienen de castigos a nuestros pecados: Decid al justo que le irá bien, porque comerá de los frutos de sus manos. ¡Ay del impío! Mal le irá, porque según las obras de sus manos le será pagado. (Isaías 3:1011)

Ninguna adversidad acontecerá al justo; Mas los impíos serán colmados de males. (Proverbios 12:21) Recapacita ahora; ¿qué inocente se ha perdido? Y ¿en dónde han sido destruidos los rectos? (Job 4:7) Resulta tentador creer que a la gente, a los otros, le pasan cosas malas porque Dios es un juez recto que da lo que cada uno merece. Creyendo esto, nuestro mundo sigue siendo comprensible y ordenado.

 Así damos a la gente la mejor razón posible para ser buenos y evitar el pecado. Y creyendo esto, mantenemos una imagen de un Dios lleno de amor y todopoderoso, que mantiene todo bajo control. Dada la realidad de la naturaleza humana, dado el hecho de que ninguno de nosotros es perfecto y que cada uno puede, sin demasiada dificultad, pensar en acciones cometidas que no debería haber hecho, siempre podemos encontrar argumentos para justificar las desgracias que nos pasan.

Pero, ¿aporta algún consuelo dicha respuesta? ¿Es religiosamente adecuada? La idea de que Dios da a los hombres lo que se merecen, de que nuestras faltas ocasionan nuestras propias desgracias, es una solución atractiva y adecuada a varios niveles, pero posee serias limitaciones. Como ya hemos dicho, enseña a la gente a autoculparse. Lleva a que la gente odie a Dios, aunque para ello sea preciso que se odie a sí misma.

A veces queremos encontrar un sentido a las pruebas de la vida diciéndonos que la gente recibe lo que merece, pero sólo con el curso del tiempo. En un momento determinado, la vida puede parecer injusta y castigar a alguien inocente. Pero si esperamos lo suficiente descubriremos la justicia del Plan DivinoEn ese sentido, el Salmo 92 ensalza a Dios por el mundo maravilloso y justo que nos ha entregado, y critica a la gente boba que encuentra imperfecciones porque es impaciente y no da a Dios el tiempo necesario para que vuelva notoria la vigencia de su justicia.

¡Cuán grandes son tus obras, oh Jehová! Muy profundos son tus pensamientos. El hombre necio no sabe, Y el insensato no entiende esto. Cuando brotan los impíos como la hierba, Y florecen todos los que hacen iniquidad, Es para ser destruido eternamente… El justo florecerá como la palmera; Crecerá como cedro en el Líbano… Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, Y que en él no hay injusticia. (Salmo 92:5–7, 12, 15)

El salmista quiere explicar el mal aparente en el mundo sin comprometer la justicia y la rectitud de Dios. Y lo hace comparando a los malvados con el pasto y a los justos con palmeras o cedros. Si se planta hierba y palmeras, la hierba crece primero. De tal modo, los que no saben nada pueden pensar que la hierba crece más alto y fuerte que la palmera, ya que crece más rápido. Pero el observador experimentado sabe que el crecimiento rápido de la hierba es efímero, puesto que se debilitará y morirá en pocos meses, mientras que el árbol crecerá lentamente pero llegará a ser alto, erguido y durará más de una generación.

Del mismo modo, el salmista sugiere que la gente torpe e impaciente compara la prosperidad de los pecadores y el sufrimiento de los virtuosos y llega a la conclusión precipitada de que vale la pena ser deshonesto. Si observaran durante más tiempo, descubrirían que a los deshonestos les pasa lo mismo que a la hierba mientras la prosperidad de los justos es lenta pero segura, así como el cedro y la palmera.

Harold S. Kushner.

Mateo 5:4, Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados.…

A quien le interese leer el libro, puede bajarlo en el siguiente enlace:

https://renacerelsalvador.files.wordpress.com/2009/11/cuando_la_gente_buenasufre1.pdf

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