EL ALMA

La palabra Alma procede del latin “anima” (soplo, aire, aliento) se refiere a un principio o entidad inmaterial e invisible. La descripción de sus propiedades y características varía según las diferentes tradiciones filosóficas o religiosas.

Para la teosofía, cada alma es una proyección de Dios, del mismo modo que nuestros pensamientos e imágenes son proyecciones de nuestra mente. Cada alma es un reflejo de toda la creación. El microcosmo del macrocosmo, un universo en miniatura.

Edgar Cayce decía, que el alma era igual a una gota de agua del océano, La gota es un océano en miniatura y tiene todos los ingredientes de ese océano. Por tanto, dentro de cada persona está el conocimiento íntimo de toda la creación.

En tiempo remoto, la palabra alma se usaba para designar el principio por el cual los seres animados estaban dotados de movimiento propio. Desde luego, las plantas, los animales y los seres humanos estarían dotados de alma.

El Alma ha sido considerada por algunos filósofos, como principio vital, otros como algo distinto del cuerpo y un tercer grupo, como una parte del mismo. A partir de Platón (427-347 A.C.) Para la filosofía el alma, además de concebirse como principio vital fue concebida como principio de conocimiento.

Según la doctrina platónica: “La supervivencia del alma, la reminiscencia, la preexistencia, la existencia de las ideas, la indisolubilidad, la simplicidad y en fin la inmortalidad del alma, se explican por el conocimiento mismo. Saber no es más que recordar y el recuerdo supone un conocimiento anterior.

Segun Platón, si el alma se acuerda de cosas que no ha podido conocer en ésta vida, es una prueba de que ha existido antes. ¿No es cierto que nuestras almas, al través de la imperfecta igualdad que muestran los objetos sensibles entre sí, tenga la idea de una igualdad perfecta, inaccesible a los sentidos? ¿No tiene así mismo la idea del bien, de lo justo, de lo santo y de la esencia de todas las cosas?

Estos conocimientos no ha podido adquirirlos después de nacer, puesto que no son perceptibles a los sentidos y es preciso que los haya adquirido antes. Las consecuencias de todo, es que el alma existe antes de nuestra aparición en éste mundo.

Platón tiene cuidado y enseguida afirma: aunque el alma tenga asegurado un destino inmortal, no quiere decir que haya de ser el mismo para todas las almas, la de un hombre justo, depurada por la meditación y en hacer el bien, será indudablemente admitida a participar de las bienaventuranzas de su Dios. Pero las de los hombres malos serán privadas de esa dicha y tendrán que someterse a pruebas. “No pueden Las Esencias Pura admitir nada impuro a su naturaleza”.

Con René Descartes, (1596 – 1650) filósofo, matemático y físico francés) el Alma, comienza a perder su carácter de principio vital y se identifica con el principio del conocimiento, con la conciencia de sí que tiene el ser humano.

En el ser humano según Descartes, el alma está unida al cuerpo a través de la glándula pineal, localizada en el cerebro. A través de esta glándula el alma comunica al cuerpo sus pensamientos y demás operaciones y recibe de éste las impresiones. Quien siente y sufre las pasiones es el alma, la cual puede existir independientemente del cuerpo porque no lo necesita para pensar.

Según Santo Tomás de Aquino, (1224-1274) Teólogo y filósofo italiano, el alma y el cuerpo, pueden considerarse como substancias incompletas ya que parecen relacionarse y necesitarse mutuamente y formar juntas la unidad que llamamos hombre concreto.

Todos los filósofos griegos aceptaron estas dos dimensiones en el alma humana: 

Primero: El alma como principio de racionalidad; aquello que nos permite alcanzar el conocimiento, nos acerca a los dioses y nos diferencia del resto de seres (incluidos los animales)

Segundo: El alma como principio de vida, aquello que se encuentra en todos los seres vivos gracias a lo cual dichos seres són capaces de realizar actividades vitales y se diferencian de los seres puramente inertes:

Sin embargo Aristóteles va a subrayar la segunda pero sin olvidar totalmente la primera, y propone las siguientes definiciones del alma:

  • como principio de vida;
  • como la forma de los cuerpos organizados;
  • como el acto de aquellos seres que tienen vida en potencia. De este modo Aristóteles admitía la existencia del alma no sólo en los hombres sino también en los animales y las plantas.

Puesto que el alma es principio de vida y existen distintos niveles de vitalidad, habrá también distintas almas, o partes del alma o funciones del alma.

Por ende, Aristóteles distingue la vegetativa, la sensitiva y la intelectiva. En la actualidad la palabra Alma está siendo sustituida por el término Mente, que es entendido por algunos como algo distinto del cerebro y por otros como algo que no se puede distinguir de la mera actividad cerebral.

La Biblia, describe la creación de la primera alma humana, como un soplo de Dios: Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente, un alma Génesis 2:7.

Para la teosofía el hombre es un alma, y hasta el más ínfimo átomo es alma y espíritu perpetuamente evolucionando bajo el dominio de una ley inherente en todo. Y agrega que la inmensa variedad de objetos y hombres no son simples agregados de átomos accidentalmente acumulados, y por tanto sin ley.

Para los Rosacruces el alma humana, es una energía espiritual que anima todo nuestro ser, en el sentido etimológico del verbo “animar”, es decir, en el sentido de “dar vida y consciencia”.

En este aspecto, los Rosacruces no piensan que está situada en el corazón, el cerebro o la sangre, como enseñan algunas religiones. Del mismo modo, no está localizada en ninguno de nuestros chacras, como dicen algunos gurúes orientales. En realidad, impregna todas las células de nuestro ser.

Pero el alma no se limita a animar nuestro cuerpo físico. Es también la que confiere al hombre el poder de evolucionar espiritualmente y perfeccionarse durante su encarnación terrestre. Posee para ello un atributo principal: la consciencia, que se expresa en el hombre a través de sus facultades físicas, mentales, psíquicas y espirituales.

El alma es el centro de todos nuestros sentimientos, por medio de ella sentimos el dolor, la pena, o la alegría. Cuando el alma abandona el cuerpo este no siente nada, entonces es fácil comprender, que sin alma no hay sentimiento.

Para Sócrates (470- 399 A. C.) “El alma al salir de éste mundo sólo lleva consigo sus costumbres y sus hábitos, de ellos dependen su felicidad o su desgracia”.

Por consiguiente, el hombre que ama la justicia y trabaja para adquirir los rasgos inestimables de la virtud; perpetúa la sabiduría cuyo germen está en él y se asegura su inmortalidad; elevándose de grado en grado hasta alcanzar el fin supremo, “la belleza real, eterna, pura y divina” la esencia del Ser del cual las demás no son más que un reflejo iluminado por su pura e inalterable luz.

El alma es el resplandor, la luz que surge del contacto espíritu-cuerpo, nuestra responsabilidad, consiste en nutrir, cultivar y expandir esa luz con pensamientos elevados y acciones benévola de amor al prójimo para iluminar la obscuridad de nuestro entorno hasta que se convierta en una llama, un ministro de Dios.

Tal como lo afirma Pablo, en la segunda carta a los Corintios 4,6: “Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo”.

A través del alma el espíritu infunde el movimiento en la materia haciendo de un no-moviente (inerte) a un moviente.

Según, Immanuel Kant (1724-1804), “no es posible el conocimiento del Alma aunque podemos postular su existencia como consecuencia de la reflexión relativa de la experiencia moral. La percepción externa, de los cinco sentidos nos muestran los cuerpos, y el sentido o percepción interna nos muestra el yo como ser pensante, nos muestra la realidad psíquica”.

Kant, creía, que era posible alcanzar el conocimiento del alma a partir del concepto “Yo pensante” de donde podemos deducir las características tradicionales del Alma: inmaterialidad, incorruptibilidad, identidad o personalidad y espiritualidad.

William Judge (1851-1896) Abogado irlandés, uno de los tres principales fundadores de la Sociedad Teosófica, nos presenta la siguiente reflexión sobre el Alma: “Casi todo el mundo dice que tiene un alma y un cuerpo, y hasta allí llega todo. Pero qué es el alma y si esta es la verdadera persona o si tiene poderes propios, esto no se investiga y los predicadores generalmente se limitan a hablar de su salvación o condenación. Y por hablar así del alma, como si fuera algo diferente de uno mismo, la gente ha adquirido una idea subyacente de que ellos no son almas, ya que pueden perder su alma.

Esto ha influido en la tendencia que ha generado hacia el materialismo, induciendo a los hombres a prestar mayor atención al cuerpo que al alma. Muchos que han obrado mal, comienzan solo a preocuparse cuando se acerca la hora de su fallecimiento. En cambio, cuando la verdadera enseñanza sea conocida, se verá que el cuidado del alma es un tema vital que requiere la atención de cada día, y que no debe de ser diferido sin que resulte en un grave daño en todo el hombre”.

En el libro titulado: “Hacia una vida plena de sentido” escrito por el Rabino judío Jabad Lubavitch, Menajem Mendel Schneerson, (1745-1812) traducido por el Rabino Simón Jacobson, nos presenta el siguiente texto sobre el Alma”.

El Alma es el Ser, el “Yo” que habita en el cuerpo y actúa a través de él. Sin el alma, el cuerpo es como una lámpara sin electricidad, o un cuerpo sin vida. Con la introducción del alma, el cuerpo adquiere vida, visión y oído, pensamiento, habla, inteligencia y emociones, voluntad y deseo, personalidad e identidad

Extraído del libro: Despertar la Consciencia Cristica de Elias S. Rosario

Despertando La Conciencia Cristica por Elias Rosario

Be the first to comment on "EL ALMA"

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*