EL SER Y DIOS

Dios y Ser son Uno, no hay separación, ni tan siquiera entre todas las cosas, ni acontecimientos, ni tan siquiera entre todos nosotros.

Sí, esta experiencia es transformadora.

Para el funcionamiento diario la separación es necesaria, pero desde un punto de vista lingüístico y pragmático. Sentir la comunión interna con la totalidad, nos reconcilia con ella misma.

Pensemos por un momento en aquellos acontecimientos, aparentemente inconexos, que nos hacen dudar de la propia experiencia unificadora. Realmente, ¿alcanzamos la comprensión del plan Divino? ¿Del orden intrínseco perfecto?

Hablemos de los diversos niveles de conciencia, ¿en cuál nos encontramos? ¿Hemos alcanzado el nivel de la iluminación plena? Resulta difícil saberlo. Mientras tanto, juzgamos los actos de unos y de otros, condenamos o, directamente, castigamos el comportamiento de los individuos que, ahora sí, no sentimos como propios. Y es cierto, la separación está presente en nuestro día a día.

Ya lo habíamos dicho, el orden del universo es perfecto, así que, esto mismo, forma parte del funcionamiento del sistema, cuya lógica interna habremos de descifrar.

Esta unión, sin embargo, resulta fugaz. Parece que Dios se manifiesta en mí, pero siento que se escurre. ¿Cómo lograr que la fusión se perpetúe?

Habremos de alcanzar la comprensión, lo primero, e ir desvelando capa por capa el misterio cósmico. ¿Duda alguien de la existencia de un poder superior? Por momentos alcanzamos a vislumbrar cierta coherencia en el acontecer. Mientras tanto, avanzamos por el sendero misterioso de la vida negando su cualidad.

Ahora bien, vivenciando la experiencia unificadora, no volveremos a ser los mismos. Lo lógico es negar la experiencia misma de la no dualidad, así deja de ser perturbadora. Ahora bien, recordemos: es liberadora, transformadora y reveladora por igual.

Somos seres metafísicos en un mundo donde la materia parece ser lo único que hay. Pero un buen día, despiertas del sueño dogmático y ya no hay separación, es la experiencia del amor incondicional, de la no dualidad, de la gloria en vida.

Y ahora sientes que Dios está en ti, no separado. Lo real te lo demuestra día a día, ya no eres un iracundo ser irascible, EN TI SE HA DESPERTADO EL SER QUE SIENTE A DIOS internamente e, incluso, alcanzas a vislumbrar el orden cósmico perfecto. Formas parte de él.

La escisión es dolorosa, amarga y frustrante. No es el exterior lo que te niega la felicidad, eres tú mismo quien no quiere integrarse a la totalidad, te enfadas, reaccionas y no del mejor modo, HAS OBRADO DESDE EL ODIO, LA IRA, LA VERGÜENZA O LA CULPA.

No quieres ser un ser racional, no te gusta la gente observadora, sientes predilección por aquellos que sí te transmiten buena onda y ¿dónde reside el misterio de aquellos que no se perturban, reaccionan del mejor modo, sienten que Dios está en ellos? He aquí la respuesta, en la no dualidad.

No dejamos de experimentar la separación pero, internamente, sabemos que no la hay y nuestra mente se abre cual concha en el mar. Y, se nos plantea abandonar la dimensión mental, para transportarnos al orden espiritual, cuya amplitud nos seduce y atrapa. Ya no eres tu cerebro, estás situado en otro orden, en otro nivel de conciencia.

¿Por qué escapa a toda lógica esta sensación de plenitud que me invade? La experiencia de lo Absoluto no la puedes describir con palabras, has de vivenciarla. ¿Acaso alguna vez te has sentido mejor?

Dicen que la experiencia religiosa es un sentimiento oceánico ¿Hay algo que te perturbe de ella?

Sí que es cierto que la experiencia nos conduce a la compasión, a la no separación, al amor, la paz y la felicidad, empecemos por ahí.

¿Me acompañas en el camino?

© Aitzol Zunzunegi Etxeberria, 22 de noviembre de 2017

NOTA: Hechos 17:28-30

28 Porque en Dios vivimos, nos movemos y existimos; como también algunos de los poetas de ustedes dijeron: “Somos descendientes de Dios.” 29 Siendo, pues, descendientes de Dios, no debemos pensar que Dios sea como las imágenes de oro, plata o piedra que los hombres hacen según su propia imaginación. 30 Dios pasó por alto en otros tiempos la ignorancia de la gente, pero ahora ordena a todos, en todas partes, que se vuelvan a él.

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