¿NOS GUÍAN LOS MAESTROS?

La visión de muchos teósofos sobre la relación entre los Maestros y los miembros de la Sociedad Teosófica, así como sus relaciones con sus discípulos parecen ser vagas y con frecuencia un poco fantásticas a juzgar por las cartas recibidas y las conversaciones que se escuchan en las reuniones teosóficas.

Una opinión que se expresa con frecuencia es: “Oh, todo saldrá bien, los Maestros harán que así sea”, o también, “No importa el plan que sigamos, los Maestros no permitirán que la Logia fracase”. Uno pensaría, a partir de estas expresiones, que muchos miembros creen que los Maestros nos cuidan, como mismo un enfermero cuida a un niño pequeño.

Tal forma de pensar no sólo es contraria a la verdad, sino que es además tan perjudicial, que será útil hacer una enfática declaración al respecto. En el capítulo sobre los Poderes de la Oscuridad en Los Maestros y el Sendero, C.W. Leadbeater señala el daño que puede causar esa actitud: Podríamos pensar: “Seguramente nuestros Maestros nos salvarán de cualquier caída así”.

Ellos no lo harán, porque no pueden interferir con nuestra libertad. Nosotros tenemos que aprender a pararnos solos. Esas últimas dieciséis palabras tienen que ser memorizadas por cada miembro, porque hay un mundo de sabiduría en ellas. Tenemos que aprender a usar nuestro propio juicio.

Debemos depender de nosotros mismos, de lo contrario nos convertiremos meramente en autómatas, tan inútiles para la evolución como las efigies de madera. La Dra. Annie Besant tambièn hizo énfasis ese mismo punto. Ella señaló que mientras más avanzamos en la evolución, menos lidia el Maestro con el discípulo y más bien lo deja tomar sus propias decisiones.

Incluso en los raros casos en que un Maestro da una orden, quien la recibe es dejado solo para ejecutarla como mejor pueda. Esto fue lo que sucedió con el trabajo de la Dra. Besant, cuando su Maestro le dijo que abriera un colegio en la India. Ella era una iniciada, pero eso no contaba para nada en un asunto así. Quien participa de la iniciación es el Yo Superior, no la personalidad.

La ceremonia de iniciación no provoca de inmediato cambio alguno en la personalidad. En el plano físico, el discípulo no tiene mejor juicio que antes. Tendrá la tendencia a cometer los mismos errores en que incurría antes de la iniciación y el Maestro no lo impedirá, como mismo tampoco lo hacía antes.

En otras palabras, que no lo impedirá en lo absoluto. Si usted ha conocido a una persona muy bien durante un cierto número de años antes de su iniciación, y durante el mismo período de tiempo después, estará consciente de que NO APRECIARÁ DIFERENCIA ALGUNA EN SUS CAPACIDADES ANTES Y DESPUÉS DE ESE GRAN ACONTECIMIENTO.

No aprenderá por mera observación que algo realmente notable le ha ocurrido. Sólo podrá saberlo cuando alguien con una mayor evolución le suministre esa información. La iniciación significa mucho en los planos internos, pero no significa absolutamente nada en el plano físico en términos de un mayor juicio o un pensamiento más claro respecto de los asuntos materiales.

TENEMOS QUE DESARROLLAR ESAS CUALIDADES POR NOSOTROS MISMOS, por supuesto, y es precisamente por el hecho de que tenemos que tener la oportunidad de hacerlo así, que el Maestro no interfiere. En ocasiones, podríamos hasta sentirnos inclinados a tomar nuestras responsabilidades a la ligera, e incluso imaginar que los Maestros nos protegerán cuando enfrentemos una situación difícil.

En estos casos, necesitamos recordar las enfáticas palabras de Leadbeater: Ellos no lo harán, porque no pueden interferir con nuestra libertad. TENEMOS QUE APRENDER A PARARNOS POR NOSOTROS MISMOS. Este artículo fue editado por el Departamento de Educación de la Sociedad Teosófica. Traducción y Redacción: Eulalia M. Díaz *

Por: L. W. Rogers, Presidente de la Sociedad Teosófica en América de 1920 a 1931.

 

 

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