SAN AGUSTÍN: UN PECADOR QUE TERMINO SIENDO SANTO

“Quise robar y robé. No lo hice obligado por la necesidad, sino por carecer de espíritu de justicia y por un exceso de maldad. Porque robé precisamente aquello que yo tenía en abundancia y aún de mejor calidad. Ni siquiera pretendía disfrutar de lo robado, sino del robo en sí mismo, del pecado de robo”. Extraído del libro “Confesiones” de San Agustín de Hipona

Presentamos, una de las biografías más iluminadoras que he leído. San Agustín de Hipona, quien nació el 13 de Noviembre del año 354, en Tagaste, actual Argelia  y murió el 28 de agosto de 430 en Hipona. Su padre, llamado Patricio, era un funcionario pagano al servicio del Imperio pero su madre, Mónica de Hipona, fue una cristiana devota que al quedar viuda se internó en un convento. Hoy es conocida como Santa Monica. Según él mismo cuenta en sus Confesiones, desde niño era irascible, soberbio y díscolo, aunque excepcionalmente dotado

A los diez y seis años dejo la escuela y se dedicó a disfrutar de los placeres mundanos, se encontraba perdido y sin rumbo. Entonces inició una relación con una joven con quien vivió fuera del matrimonio durante catorce años. Procreando un hijoA los diecinueve años, ingresó en una corriente filosófica conocida con el nombre de racionalismo, cuya doctrina tenía como fundamento la razón, rechazando la fe.

Para el profundo dolor de su madre, San Agustín perteneció a la secta herética de los Maniqueos, por diez largos años. Entre otras cosas, ellos creían en un Dios del bien y en un Dios del mal, y que solo el espíritu del hombre era bueno, no el cuerpo, ni nada proveniente del mundo material, imponían muy pocas reglas morales, lo que permitía que el joven Agustín, siguiera una vida descarriada.

Sus excesos continuaron incrementándose con una afición desmesurada por el teatro y otros espectáculos públicos y la comisión de algunos robos; esta vida le hizo renegar de la religión de su madre, abrazando el escépticismo.

A partir del año 379, sin embargo, su inteligencia empezó a ser más fuerte que el hechizo maniqueo. Se apartó de sus correligionarios lentamente, primero en secreto y después denunciando sus errores en público. La llama de amor al conocimiento que ardía en su interior le alejó de las simplificaciones maniqueas como le había apartado del escepticismo estéril.

Dos años después, la convicción de haber recibido una señal divina (relatada en el libro octavo de las Confesiones) lo decidió a retirarse con su madre, su hijo y sus discípulos a la casa de su amigo Verecundo, en Lombardía, donde San Agustín escribió sus primeras obras. En 387 se hizo bautizar por San Ambrosio y se consagró definitivamente al servicio de Dios. En Roma vivió un éxtasis compartido con su madre, Mónica, que murió poco después.

En el 391 fue ordenado sacerdote en Hipona por el anciano obispo Valerio, quien le encomendó la misión de predicar entre los fieles la palabra de Dios, tarea que San Agustín cumplió con fervor y le valió gran renombre, llegando a ser nombrado Obispo de Hipona

LA FILOSOFÍA DE SAN AGUSTÍN

Para San Agustín, fe y razón se hallan profundamente vinculadas: sus célebres aforismos “cree para entender” y “entiende para creer” significan que la fe y la razón, pese a la primacía de la primera, se iluminan mutuamente. Mediante la sensación y la razón podemos llegar a percibir cosas concretas y a conocer algunas verdades necesarias y universales, pero referidas a fenómenos concretos, temporales. Sólo gracias a una iluminación o poder suplementario que Dios concede al alma, a la razón, podemos llegar al conocimiento racional superior, a la sabiduría. Por otra parte, un discurso racional correcto necesariamente ha de conducir a las verdades reveladas.

San Agustín entiende el mal como no-ser, como carencia de ser. No podemos culpar a Dios del mal, las malas acciones son actos privados del individuo; Dios no impide que se cometan, pues si lo hiciera implicaría retirar al alma humana su libre albedrío.

SITUACIÓN DE LA IMAGEN DE DIOS EN EL HOMBRE

En esta vida nuestro conocimiento de Dios sólo puede ser imperfecto, a través de la imagen de sí mismo que depositó en el alma humana al crearla. No obstante la imagen no es nítida ni transparente sino que se encuentra dañada por el mal y debe restaurarse cual pieza de museo hallada en unas antiguas ruinas.

En otras palabras, hay que renovar la imagen depositada en nosotros hasta que alcance una perfecta semejanza con la Trinidad. NO BASTA EL CONOCIMIENTO SINO QUE ES NECESARIA LA ACCIÓN, Y EN ESTE CASO, LA ACCIÓN MORAL PARA RESTITUIR, LO DIVINO QUE HAY EN NOSOTROS. Hay que ir reparando día a día nuestra alma para que se convierta en un espejo limpio y transparente en el que se pueda reflejar con claridad lo divino.

AGUSTÍN Y LA CIENCIA

Según el científico Roger Penrose , San Agustín tuvo una «intuición genial» acerca de la relación espacio-tiempo, adelantándose 1500 años a Albert Einstein y a la teoría de la relatividad,  cuando Agustín afirma que el universo no nació en el tiempo, sino con el tiempo, que el tiempo y el universo surgieron a la vez.

Agustín, sugirió en su obra La ciudad de Dios que Dios pudo servirse de seres inferiores para crear al hombre al infundirle el alma, defendía la idea de que a pesar de la existencia de Dios, no todos los organismos y lo inerte salían de Él, sino que algunos sufrían variaciones evolutivas en tiempos históricos a partir de creaciones de Dios

Las ideas eternas están en Dios y son los arquetipos según los cuales crea el Cosmos. Dios, que es una comunidad de amor, sale de sí mismo y crea por amor mediante rationes seminales, o gérmenes que explican el proceso evolutivo que se basa en una constante actividad creadora, sin la cual nada subsistiría. To

do lo que Dios crea es bueno, el mal carece de entidad, es ausencia de bien y fruto indeseable de la libertad del hombre.

Agustín también reflexiona sobre el tiempo desde la perspectiva de la conciencia subjetiva. El interior del hombre, dotado de memoria, está disperso entre el pasado y el futuro y anhela lo imperecedero. Es a través del examen de la propia trayectoria existencial y la introspección en la propia alma, donde Agustín expresa sus convicciones

NOTA: Estas ideas de San Agustín concuerdan con la enseñanza teosofica sobre: la actividad creadora de Dios, la evolución y la interioridad del hombre, donde se encuentra la esencia divina y no fuera. Y es que, muchas veces primero tenemos que atravesar la oscuridad, para encontrar la luz. Por tal razón, nunca debemos juzgar, Pues nunca sabemos lo que se esconde detrás del mal que pueda envolvernos en una etapa de la vida. El primer hombre salvado por Cristo, fue el ladrón que estaba crucificado a su lado.

Bibliografia

www.biografiasyvidas.com/biografia/a/agustin.htm
www.ewtn.com/spanish/saints/Agustín_8_28.htm

Be the first to comment on "SAN AGUSTÍN: UN PECADOR QUE TERMINO SIENDO SANTO"

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*